Los investigadores analizaron treinta teclados en las oficinas de la propia revista y descubrieron bacterias capaces de causar desde diarrea hasta intoxicaciones por alimentos.
A continuación examinaron la tapa de un baño de la misma oficina y descubrieron que estaba más limpia que muchos de los teclados.
Los investigadores culparon de la suciedad de los teclados al hecho de que los trabajadores no tienen a veces tiempo para sentarse a comer en otra mesa y lo hacen mientras manejan los teclados. De esa forma permiten que las migas caigan entre las teclas y que proliferen luego las bacterias.
Un reciente sondeo entre 4.000 empleados de oficinas indicaba que uno de cada diez trabajadores nunca limpiaba el teclado y que un 20% tampoco limpiaba el ratón. Los expertos recomiendan sacudir el teclado para eliminar las migas y el polvo y pasar luego un trapo.




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