La orangután Sisi y la elefanta Mali son dos de los animales que la dirección del zoo ha sometido a terapia intensiva para curarles la depresión que sufren a causa de su encierro en pequeños cubículos carentes de cualquier comodidad.
Los elefantes pueden llegar incluso a automutilarse
Los cuidadores de Mali, una elefanta asiática de 33 años, observaron hace unos meses que el animal se paseaba de forma nerviosa y balanceaba la cabeza de manera extraña, síntomas de "zoocosis", una enfermedad que afecta a los animales en cautividad.
Esta patología, acuñada en 1992 por el zoólogo Bill Travers, puede llevar a que los animales se mutilen, lo que de momento no ha ocurrido con ningún inquilino del zoo manilense.
La elefanta se encuentra confinada en un patio de poco más de 15 metros cuadrados, sin vegetación o una sombra para cobijarse, excepto en caseta caldeada por la altas temperaturas tropicales que se alcanzan en la capital filipina.
Como terapia, los cuidadores de Mali colocan en el suelo una guía de teléfonos con cacahuetes y semillas de girasol en su interior que ella tiene que buscar y coger con su trompa.
Otro de los pacientes, la orangután Sisi, de 23 años, vive en una jaula de unos cinco metros de ancho por diez de alto, con una escalera y un neumático que hace las veces de columpio, y que son sus únicos elementos de recreo.
Jaula de cinco metros
Para combatir el estrés y la depresión que sufre, los responsables del zoo le suministran la comida cubierta con una capa de hielo que ella tiene que escarbar con sus patas antes de extraer las bananas y naranjas, que son su dieta fundamental.
La escasez de espacio también afecta a los macacos, que casi no pueden moverse en las jaulas de tres metros cuadrados y que dan señales evidentes de estar "desquiciados", o a los cocodrilos, que duermen amontonados uno encima de otro en sus estanques con agua fétida.
Los animales también son víctimas de la contaminación y el ruido
Además, los animales también son víctimas de la contaminación que produce la marea de vehículos que inunda a diario las calles adyacentes al zoo, desde el que se escucha el ruido de la batalla que los conductores filipinos libran con el claxon de sus automóviles.
La frondosidad de los espacios destinados al esparcimiento de los visitantes, que sólo aparecen cuando atardece y remite el calor, contrasta con los espacios yermos reservados a los animales, que según la dirección "están mejor en el zoológico que en la selva".




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