La chica, llamada Erin, debía resolver varios problemas simples, como decir cuál es la capital de Bosnia (realizando una búsqueda en internet), ver un vídeo de YouTube, descargar un disco de las Spice Girls, grabar un CD, cambiar el aspecto del escritorio, la resolución de pantalla, editar imágenes o utilizar la mensajería instantánea.
En general, Erin logró llevar a cabo la mayoría de estas tareas sin muchas dificultades, pero en algunos casos encontró obstáculos que, según el autor del experimento, podrían resolverse fácilmente logrando así acercar a un público más amplio a esta distribución de Linux.
En primer lugar, afirma, podría facilitarse la instalación de ciertos añadidos para el navegador que, cuando no están presentes en el sistema, impiden la visualización correcta de algunas páginas web, como YouTube.
El usuario medio no lee manuales
Otro problema con el que se encontró Erin es que en los menús del sistema algunos de los nombres de los programas no permiten identificar la tarea que puede realizarse con ellos, como le sucedió con la aplicación para descargar archivos de las redes de intercambio.
El problema, afirma, es que "los programadores geeks y los diseñadores asumen que el usuario medio tiene conocimientos" que realmente no posee". Éste, afirma, no irá a Google a buscar ayuda ni leerá la documentación que acompaña a Ubuntu, por lo que propone que se proporcione esa información integrada en el sistema, como tutoriales o pequeñas ventanas emergentes.




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