La llegada del carril-bus a la ciudad vendrá acompañado de obras. Su implantación implicará al menos dos meses de trabajos entre Federico Tapia y Orillamar, inicio y meta de esta nueva vía exclusiva para buses y taxis. El objetivo, explicaron a 20 minutos responsables de la Concejalía de Medio Ambiente, es que esté en funcionamiento en septiembre.
El carril-bus, que pasará por un total de nueve calles y plazas como la de Pontevedra y la de España, llegará cuatro meses más tarde de lo previsto, ya que iba a estar en marcha en mayo.
La razón, aseguran desde el Ayuntamiento, es el retraso del material para separar el nuevo carril del resto de circulación, las llamadas aletas de tiburón. Pero estos separadores de plástico no serán la única novedad.
Contenedores, a la acera
La propia concejala de Medio Ambiente, Nieves Vázquez, realizó a pie el pasado martes el recorrido del futuro carril-bus, en el que ya se han eliminado un total de 25 contenedores y otros dos están pendientes de reubicarse.
"Ahora estarán en las aceras, pero sin perjudicar el paso de los peatones, como ya funciona en San Andrés», explicaron desde Medio Ambiente. También está pendiente el traslado de una cabina teléfonica en la calle San Juan. Además, se eliminarán 100 plazas de aparcamiento de zona azul.
No se perderá ni una plaza de residentes, que se cambiarán al otro lado de la calle, tal y como confirmaron a los vecinos del Ensanche los representantes municipales de Tráfico y Medio Ambiente en una reunión celebrada el pasado miércoles.
El carril-bus, que costará 99.000 euros, busca dar una alternativa al coche, ya que sólo entre Federico Tapia y Orillamar circulan a diario 35.000 vehículos. «Ganaremos calidad de vida y menos contaminación», aseguran los vecinos.
Los tornos ya son historia
Los 92 autobuses que conforman la flota de transporte urbano de A Coruña ya se han despedido de los tornos.
Según confirmó ayer el presidente de la Compañía de Tranvías, José Prada, el pasado miércoles finalizó la campaña iniciada la primera semana del mes de marzo para retirar estos dispositivos que permitían controlar el acceso de viajeros.
A partir de ahora será un controlador el que mirará los billetes de los que paguen el viaje en metálico y las tarjetas del resto de usuarios con una PDA, en la que aparecerá la hora de entrada.
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