El pintor burgalés José María González Cuasante, Premio Castilla y León de las Artes 2007, se define como un artista que compagina, por un lado, la dimensión sensorial y emotiva y, por el otro, el componente analítico e intelectual. González Causante asume que el arte "ha cambiado mucho" y ya no se ciñe a lo tradicional, y recomienda a los jóvenes que se formen bien en varios aspectos.
¿Qué supone ser galardonado con el Premio Castilla y León de las Artes 2007?
Supone una gran alegría por mi parte. Da la impresión de que uno es merecedor del mismo, lo cual quiere decir que o lleva una trayectoria constante y de trabajo regular o que alguien ha destacado puntualmente por algo. Yo creo que es más el primer caso.
¿Cómo se define?
Soy un pintor que, como en todos los artistas, hay una dimensión sensorial y emotiva y, al mismo tiempo, en mi caso, por el hecho de ser también profesor también hay un componente analítico e intelectual. Creo que esas son las dos cosas.
Ha compaginado dos facetas, la docente y la creativa, ¿cuál de las dos le llena más?
Son cosas distintas. La creación artística es mucho más íntima, tiene también un componente expresivo y, por lo tanto, espontáneo. Y, en cambio, lo otro exige un esfuerzo analítico, de estudio... Quizás es más gratificante el trabajo de artista, pero el otro también me gusta. Lo paso bien dando clases.
¿Cuál es el principal consejo que le da a sus alumnos?
Yo doy clase en un curso de primero por lo que es muy elemental y muy básico. Se deben conocer ciertas cosas con rigor; pero nunca me olvido de que el arte es fundamentalmente expresión y emoción. Lo que pasa es que para ser elocuente en ese sentido se deben dominar los elementos formales plásticos, lo que es en términos coloquiales saber dibujar, sobre colores, pintar, etcétera. Hoy, que ha cambiado mucho el arte y ya no se ciñe a las artes tradicionales tan diferenciadas.
¿En qué está trabajando ahora?
Tengo mis repertorios temáticos que más o menos repito y lo que estoy haciendo es adaptar la tecnología digital como medio de trabajo, porque utilizaba fotografías tradicionales. Ahora todo eso está desapareciendo y me tengo que reciclar un poco.
¿Cuándo cobró por primera vez un cuadro y cómo se sintió?
(Se ríe). Me acuerdo que de niño, en una ocasión, un señor me dijo que por qué no le pintaba a su abuelo, me dio una foto muy mala y me pagó 500 pesetas por aquello. Yo era un niño y me acuerdo con mucha ilusión. Más adelante, en mi primera exposición en la Galería Amadís de Madrid, vino un señor y me compró un cuadro. Eso me hizo también mucha ilusión porque fue el único que se vendió. Costaba entonces 15.000 pesetas y se le rebajó a 12.000.
¿Hay algún sitio donde le gustaría exponer y no lo haya hecho?
Claro que sí. Un sitio especial no, puede haber muchísimos sitios interesantes en donde me gustaría exponer. Por ejemplo, en el mismo Centro de Arte Reina Sofía donde no he hecho ninguna exposición pero ni se me pasa por la cabeza esas cosas.
¿Qué pintor de Castilla y León destacaría y por qué?
Hay pintores tradicionalmente buenos; pero de 1900 hasta la actualidad, a lo mejor, Calleja es uno de los que tiene más interés. En cuanto a los jóvenes hay muchos y me sería muy difícil destacar alguno. Puede haber una persona de gloria efímero y eso es más difícil.
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