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Investiga como puedas

Investiga como puedas
Cristina Urdiales desarrolla en la Universidad de Málaga pequeños robots autónomos. En la foto la acompaña Aibo, el perro robot de Sony. (Martín Mesa)
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La mayor parte de los universitarios buscan un empleo al terminar su carrera. A los que quieran dedicarse a la investigación, les aguarda un panorama incierto en el que abundan los becarios y escasean los contratos laborales
¿Qué hace falta para investigar en la universidad? «Hay varios caminos, pero es más sencillo si se tiene un buen currículo, porque puedes optar a una beca y también aspirar a ser profesor contratado», cuenta la investigadora Cristina Urdiales.
Al terminar su carrera, ella buscó la libertad que la investigación podía brindarle y consiguió un contrato como profesora contratada en un proyecto de robótica de la Universidad de Málaga. No es lo común entre los ingenieros de telecomunicaciones, industriales o informáticos, que prefieren trabajar en la empresa privada y pueden lograrlo incluso antes de acabar la carrera.

Tampoco es tan frecuente lograr un contrato laboral. Según la Asociación de Personal Investigador (API) del CSIC, en muchas universidades y centros de investigación el porcentaje de becarios alcanza el 50%. Aunque el salario de las becas oficiales del Ministerio de Educación y Ciencia, 1.100 euros mensuales, es similar al de un profesor contratado, la Federación de Jóvenes Investigadores (www.precarios.org) sigue denunciando la precariedad a la que condenan al investigador: no tienen Seguridad Social, vacaciones ni bajas.

Cuestión de medios

Es por lo tanto un problema de la dotación económica de la que dispone la ciencia en España. «Incluir a un investigador en un proyecto puede duplicar el presupuesto. En los proyectos que financia la UE sí que es obligatorio contratar a un ingeniero con su sueldo correspondiente», aclara Cristina Urdiales.

También hay quienes pretenden consagrarse a la investigación y no tienen a su alcance una plaza de profesor contratado o una oposición. «La solución sería ir enlazando un proyecto con otro –afirma Cristina–. En Madrid o Barcelona se puede intentar entrar en un centro de investigación. No es tan frecuente, pero también te puede contratar una empresa con la que hayas colaborado».

La disciplina a la que esta doctora en Telecomunicaciones dedica sus horas de clase y de laboratorio en la Universidad de Málaga sufre también los problemas de financiación. El alto coste de los equipos robóticos y la imposiblidad de aplicar los resultados de forma inmediata limitan la participación del sector privado y la universidad es el principal motor. 

Por algo se empieza

Así, se decidió por enseñar microbótica. Los microbots son ingenios de pequeño tamaño diseñados para una tarea específica, 30 veces más baratos que sus hermanos mayores. Aunque es un complemento no obligatorio de la asignatura de laboratorios de sistemas digitales, en sus cuatro años de existencia, siempre se han cubierto las plazas y dispone de una web (campusvirtual.uma.es/microbot/). Los alumnos, al menos, están garantizados.

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