Las piezas arqueológicas intervenidas en la provincia cordobesa en el marco de la Operación Pitufo han llegado al Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba , para su depósito y también para análisis por los arqueólogos de la Junta de Andalucía.
Las piezas han llegado al citado museo en cajas precintadas, situación en la que se mantendrán de momento, pues se está a la espera de recibir "instrucciones la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional", que ha sido la que ha coordinado el desarrollo de la indicada operación Pitufo.
Los técnicos de la Consejería de Cultura todavía no han tenido ocasión de examinar las piezas intervenidas, de las que ya se les habían hecho llegar la pasada semana fotografías, aunque es insuficiente para poder hacer una valoración de cada elemento del patrimonio arqueológico cordobés, por sí solo o por grupos, de los que se han recuperado en la citada operación policial contra el expolio arqueológico y que se saldó en la provincia cordobesa con nueve detenidos.
Los arqueólogos de la Junta de Andalucía tendrán ocasión, en el marco del procedimiento judicial abierto, de examinar las citadas piezas arqueológicas, pues su intervención como peritos será preceptiva en este caso.
Las piezas que se han incautado
Entre las piezas más relevantes destacan una importante cantidad de trozos de cerámica fragmentada, más de 10.000 piezas de paleontología y arqueología, 12.000 monedas de distinta tipología y época, dos colecciones de monedas romanas,trozos de fíbulas, hachas de piedra y metálicas, una ánfora reconstruida, dos lucernas y una falcata; colecciones de botones antiguos; un cofre con piedras; un fragmento de tela de sepultura romana y rascadores neolíticos.
Además, se recuperaron dos cuadros del siglo XVII Y XVIII, cinco cuadros pequeños, un capitel de madera y dos columnas, ocho detectores de metales y manuales de aparatos detectores; un pico del detector, un visor nocturno, un escáner y varios ordenadores.
El modus operandi
Los detenidos también poseían 72 armas de fuego y 5.000 cartuchos de distinto calibre, una guía para casos de denuncia por expolio, carpetas con documentación de transacciones, certificados de autentificación, un pen-drive con información de yacimientos, cuatro mapas con localizaciones para búsquedas y abundante documentación.
Los bienes que localizaban eran comercializados directamente entre personas conocidas por los autores del expolio y en establecimientos comerciales. En otras ocasiones, también lo hacían a través de páginas de subastas en internet, que se ha convertido en un importante punto de encuentro entre saqueadores y clientes.
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