El discurso de Joan Laporta a las peñas el pasado domingo y la posterior pañolada del Camp Nou han suscitado las primeras críticas serias al presidente del Barcelona en sus cinco años de mandato. Hay consenso entre la prensa y varios miembros de la junta directiva en admitir que el presidente se equivocó no tanto en el fondo como en las formas.
El propio Laporta reconoce en privado que no estuvo acertado en el tono que empleó en el encuentro con las peñas, cuenta el diario El País. En su entorno creee que el tono 'mitinero' encendió los ánimos de la hinchada y que no supo conectar con la gente. Pero puntualiza La Vanguardia: el presidente cree que los pañuelos que se vieron en la grada tras empatar contra el Getafe no iban contra él, sino contra los jugadores.
Aunque la crisis es deportiva, Laporta se ha visto salpicado. Su gestión, cada vez más presidencialista, atraviesa su peor momento: los medios de Barcelona interpretan la pañolada como un serio aviso para que el presidente tome de una vez por todas decisiones drásticas que prometió a final de la pasada temporada.


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