Miércoles, 10/02/10. Actualizado hace 1 minuto
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Las protestas contra China en el Tíbet han probado que el asunto de los tibetanos "ya no podrá ser ignorado", aseguró hoy el Dalai Lama en Dharamsala, la ciudad norteña india donde dirige el Gobierno en el exilio. "Estas protestas han hecho ver al mundo que el asunto del Tíbet yo no podrá ser ignorado por el mundo", aseguró el líder espiritual en un comunicado emitido tras dirigir plegarias en la ciudad, donde reside desde su huida de China en el año 1959.
El Dalai Lama temió más represión de los tibetanos en el Tíbet, pero al mismo tiempo pidió a los manifestantes que se ciñan a protestas y prácticas "no violentas" bajo cualquier circunstancia. Las autoridades chinas "me han acusado de instigar esos hechos en el Tíbet.
Eso es completamente incierto y he realizado repetidas llamadas para que un cuerpo internacional lleve a cabo una investigación sobre el asunto", dijo el Dalai Lama. Esa petición de una investigación no obsta para que el líder budista apoye los Juegos Olímpicos, ya que la lucha de los tibetanos tiene que ver "con unos pocos líderes chinos" y "no con el pueblo chino".
El Gobierno tibetano en el exilio, que no es reconocido por ningún país, declaró hoy un "Día Mundial de Oración, que fue respetado en muchas ciudades indias con comunidades de tibetanos. Desde el pasado 10 de marzo, monjes budistas secundados por la población civil han protagonizado protestas para recordar el aniversario de la fracasada rebelión tibetana contra el mandato chino en 1959 en el Tíbet y en otros lugares como la India y Nepal.
Las manifestaciones desembocaron en la ciudad de Lhasa, capital tibetana, en unos disturbios que costaron la vida a 19 personas , según la versión oficial de China, aunque el Gobierno tibetano en el exilio en la India cifra el número de víctimas en las revueltas en cerca de 140 fallecidos
Dalai estamos contigo!!!!! Te queremos!!!!
06.04.2008 - 14.59 h - Dice ser la paz esté contigo - #1
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Algún día conseguirás la libertad de tu pueblo, pacíficamente, cómo lo consiguió Gandi.
El colonialismo inglés, portugués, chino, español,... es cosa del pasado.
06.04.2008 - 15.16 h - Dice ser FREE TIBET!!! - #2
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Fracasarà cualquier boicot a JJOO de Beijing.
4 millones de 6 millones de tibetanos viven con los chinos en la tierrra china,(las cifras que publicò en los periòdicos españoles) los vemos como amigos,vecinos y compañeros de trabajo,y no puedo imaginar estos tibetanos tienen que dejar sus hogares,puestos y amigos para volver a su tierra siendo sirvientes y esclavos de Dale Lama. Y cada kilo de arroz, cada unidad de frutas y verduras que entran a Tibet tendran que pagar impuestos.
Yo un chino me pongo en lugar de los tibetanos,no me puedo imaginar un Tibet sin China.y creo que la inmensa parte de los tibetanos se sienten igual que yo.
Ahora con la apertura de un ferrocarril de China a Tibet,los tibetanos tendran màs facilidad para moverse en China,màs mercancias etraran a Tibet.Cosas que los tibetanos no pueden hacer con Nepal ni India.
Si los comentarios de aquì realmente quiere un Tibet libre,dejad de decir frases hipocretas,y piensa realmente los que necesitan los tibetanos,y deja de insultar y odiar a los chinos. el pueblo chino no tiene culpa.
TIBET SERA LIBRE cuando Dale Lama deje de trabajar con USA,y con consentimiento de gobierno chino, le guste o no!!
06.04.2008 - 15.22 h - WANGG - #3
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WANGG - #3
Eres el típico funcionario chino contando mentiras.Tus mentiras quieren legitimar ocupaciones militares. Tu discurso es el mismo que el de muchos que no viven tan lejos..
El mundo sería mejor si tú (Y MUCHOS CÓMO TÚ) te largaras al pueblo donde nació tu querida madre, y allí desarrollaras todos tus conocimientos, que no deben ser pocos.
06.04.2008 - 15.32 h - Dice ser Chino, los acentos en castellano son todos hacia la derecha(Y los fachas también) - #4
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Penoso este siniestro personaje, manipulador, fascista, criminal y encima con la complicidad de los USA.
Si de verdad quisiera lo mejor para su pueblo se retiraría y apoyaría una alternativa democrática y no volver a la hegemonía de una dictadura teocrática esclavista donde la oligarquía de los monjes manda sobre una población que por sus propias leyes debe ser analfabeta.
06.04.2008 - 15.47 h - KalinkaRojo - #5
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Dalai Lama otro miserable nacionalista,cuantas muertes mas de inocentes.
Integrate PAYASO I TiTERE de los gringos,como Uribe,como Saddam,cuando ya el imperio no los necesite los mandara a matar.
El mundo es del imperio i eso no lo comprende estas con el diablo i sin el,ya lo experimento ZP en la cumbre de europa,aislado,patetico,triste,solo .
Dalai Lama te moriras i el Tibet solo en ese momento sera LIBRE.
06.04.2008 - 16.11 h - Dice ser LATINO - #6
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Tíbet: historia de una represión
El Tíbet tiene una historia que data de más de 2.000 años. Un buen punto de partida para poder analizar el estatus del país es el periodo referido como la "Edad Imperial", cuando todo el Tíbet fue por primera vez unificado bajo el poder de un solo soberano. No hay discusión posible sobre la existencia de un estado independiente durante este periodo. Incluso los registros históricos de China y los tratados que China y el Tíbet firmaron durante este periodo se refieren al Tíbet como un estado poderoso al que China se veía forzada a tratar en un plano de igualdad.
¿En qué punto de la Historia dejó el Tíbet de ser un estado independiente y se convirtió en parte integral de China, como los comunistas quieren hacer entender?
La historia del Tíbet no es diferente de la historia de otros países. Hubo épocas en las que el Tíbet extendió su influencia sobre los territorios y las gentes de sus alrededores, y hubo otros periodos en los que se dejó influir por ideas o gobernantes extranjeros… Los Khan de Mongolia, los ghorkas de Nepal, los emperadores manchúes y los gobernadores británicos de la India.
Se debe hacer notar, antes de examinar la historia relevante, que las Leyes Internacionales son un sistema creado por los estados principalmente para su propia protección. A resultas de esto, la Ley Internacional protege la independencia de los estados de intentos de destruirla y, de ahí, la presunción es la de continuar con la continuación del estatus anterior. Esto significa que, cualquier estado independiente, que haya existido durante siglos, como el Tíbet, no tiene necesidad de probar su independencia continuada, cuando esta se vea amenazada, o cuando un país extranjero reclame derechos de soberanía sobre él, demostrando en qué preciso momento y por qué medios legales éstos fueron adquiridos.
Las reclamaciones que China hoy en día presenta están basadas enteramente en la influencia que los mongoles y los emperadores manchúes ejercieron sobre el Tíbet en los siglos XIII y XVIII, respectivamente.
Tíbet
Foto de Javier Akerman
Según el Imperio Mongol de Genghis Khan se extendía hacia Europa por el oeste, y ocupaba China en el este, allá por el siglo XIII, los líderes de la Escuela Sakya del Budismo tibetano concluyeron un acuerdo con los regentes mongoles con la intención de evitar la de otra manera inevitable invasión del Tíbet. En este acuerdo se prometía lealtad política, bendición y enseñanza, a cambio de protección. La relación religiosa llegó a ser tan importante que, cuando Kublai Khan conquistó China y estableció la dinastía Yuan, mandó llamar al Sakya Lama para hacerlo Preceptor Imperial y Pontífice Supremo de su Imperio.
La relación que se desarrolló y que aún hoy existe entre los mongoles y los tibetanos es un reflejo de la afinidad racial, cultural, y especialmente religiosa de estos pueblos del Asia central. Reclamar, como los chinos actuales hacen, que el Tíbet fue parte de China porque ambos países fueron sujetos a diferentes grados de control mongol, es absurdo. El Imperio Mongol fue un imperio a escala intercontinental. No existe ninguna evidencia que indique que los mongoles integraran la administración de China y Tíbet o anexionaran Tíbet a China en ninguna manera. Esto sería como reclamar que Francia debería pertenecer a Inglaterra porque ambos países sufrieron la dominación romana, o que Birmania es una parte de la India desde cuando el Imperio Británico extendió sus dominios sobre ambos territorios.
Este periodo de breve dominación extranjera sobre el Tíbet ocurrió hace 700 años. Tíbet rompió con el emperador Yuan antes de que China recuperara su independencia de los mongoles, con el establecimiento de la dinastía nativa de los Ming. Solo hasta el siglo XVIII no sufriría el Tíbet la influencia extranjera en algún grado.
La dinastía Ming, que gobernó en China desde 1368 hasta 1644, mantuvo pocos lazos y ninguna autoridad sobre el Tíbet. De otra parte, los Manchúes, que conquistaron China y establecieron la dinastía Qing en el siglo XVII, abrazaron el Budismo tibetano, como lo habían hecho los mongoles, y desarrollaron estrechos lazos con los tibetanos. El Dalai Lama, que por entonces era el gobernador temporal y espiritual del Tíbet, accedió convertirse en el guía espiritual del emperador Manchú, aceptando su protección a cambio. Esta relación de "patrón - confesor" que el Dalai Lama mantuvo con los mongoles y con muchos nobles del Tíbet, fue de hecho, el único lazo formal que existió entre Tíbetanos y manchúes durante la dinastía Qing. Y no afectó, por sí misma, la independencia del Tíbet.
En el plano político algunos emperadores manchúes poderosos lograron con éxito aumentar su grado de influencia sobre el Tíbet. Así, entre 1720 y 1792, los emperadores Kangxi Yong Zhen y Qianlong enviaron tropas imperiales al Tíbet en cuatro ocasiones para proteger al Dalai Lama y a su pueblo de invasiones extranjeras o contra la inestabilidad interna. Fueron estas acciones las que confirieron a los emperadores citados un mayor grado de influencia sobre el Tíbet. Los emperadores mandaron a la capital tibetana, Lhasa, a un representante imperial, que en ocasiones llegó a influir sobre el gobierno tibetano a favor del emperador, particularmente en lo concerniente a las relaciones exteriores. A lo más alto del poder manchú, que duró unas pocas décadas, la situación no fue diferente a la que pudiera existir entre una superpotencia y su protectorado. La sujeción de un estado a una influencia extranjera, e incluso la intervención en sus asuntos internos, aunque pudiera ser políticamente significativa, no supone de ninguna manera, por sí misma, la extinción legal de aquel estado. Consecuentemente, aún cuando algunos emperadores manchúes ejercieron una considerable influencia sobre el Tíbet, nunca incorporaron al Tíbet a su Imperio, y mucho menos a China.
La influencia manchú no duró mucho tiempo. Quedó sin efecto en la época en que los británicos invadieron por breve tiempo el Tíbet, en 1904, y cesó totalmente con el abandono de la dinastía Qing en 1911, y su reemplazo en China por un gobierno nacional republicano. Cualquier lazo existente entre el Dalai Lama y los Qing quedó extinguido con la disolución del Imperio Manchú.
1911 - 1950
Desde 1911 hasta 1950, el Tíbet supo evitar toda influencia extranjera indeseada, y se comportó, en todos los aspectos, como un estado completamente independiente. El XIII Dalai Lama enfatizó el estatus de independencia de su país en el exterior, en comunicaciones oficiales con gobernantes extranjeros e internamente, publicando una proclamación que reafirmaba la independencia del Tíbet, y reforzando la Defensa Nacional. Tíbet permaneció neutral durante la Segunda Guerra Mundial, a pesar de las grandes presiones de China y sus aliados, Inglaterra y los Estados Unidos. El Gobierno Tíbetano mantuvo relaciones internacionales independientes con todos los países vecinos, muchos de los cuales tenían representantes diplomáticos en Lhasa.
La actitud de la mayoría de los gobiernos extranjeros con los que el Tíbet mantenía relaciones, implicaba el reconocimiento de la independencia del Tíbet. El mismo Gobierno Británico se inclinó a no reconocer la soberanía o cualquier otro derecho de China sobre el Tíbet, a menos que China firmara el borrador de la Convención de Simla de 1914 con Inglaterra y Tíbet, cosa que los chinos nunca hicieron. El reconocimiento del Nepal fue confirmado por el Gobierno nepalés en 1949, en documentos presentados en las Naciones Unidas en apoyo a convertirse en miembro de la ONU.
* Violencia en el techo del mundo
* China aplasta los anhelos de autonomía del Tíbet
El punto de inflexión en la historia del Tíbet llegó en 1.949, cuando el ejército de Liberación Popular de la República Popular de China cruzó la frontera y entró en el Tíbet. Después de batir al pequeño ejército Tíbetano, el gobierno chino impuso el llamado "Acuerdo de los 17 Puntos para la Liberación Pacífica del Tïbet" al gobierno tibetano, en mayo de 1951. Al haber sido firmado bajo presión, este acuerdo es ante las leyes internacionales inválido. La presencia de 40.000 soldados en el Tíbet, la amenaza de una ocupación inmediata de Lhasa y la perspectiva de la destrucción total del Estado tibetano, dejan a los tibetanos poco margen de elección.
Se debe hacer notar que numerosos países hicieron declaraciones en el curso de los debates de la Asamblea General de la ONU que siguieron a la invasión del Tíbet que reflejaron su reconocimiento de la condición del Tíbet independiente. Así, por ejemplo, el delegado de las Filipinas declaró:
"…es claro que sobre la víspera de la invasión en 1950, Tíbet no estaba bajo el mandato de ninguno país extranjero".
El delegado de Tailandia recordó a la asamblea que la mayoría de estados
"…reprueban la idea de que Tíbet es parte de China".
Los Estados Unidos se unieron a la mayoría de los otros miembros de la ONU en condenar la "agresión" e "invasión" china del Tíbet.
En el curso de los 2.000 años de la historia del Tíbet, el país sufrió algún grado de influencia extranjera sólo por cortos periodos de tiempo en los siglos XIII y XVIII. Pocos países independientes hoy pueden presumir de un registro tan impresionante. Como resaltó el embajador de Irlanda en las Naciones Unidas durante los debates de la Asamblea General sobre la cuestión del Tíbet:
"… por miles de años, o, a lo largo de un par de milenios, Tíbet fue tan libre y tan completamente capaz de controlar sus propios asuntos como cualquier otra nación en esta Asamblea, y mil veces más libre para cuidarse de sus asuntos que cualquier otra nación aquí…"
Desde un punto de vista legal, Tíbet al día de hoy es un estado independiente bajo una ocupación ilegal. Ni la invasión militar de China ni la ocupación continua ha transferido la soberanía de Tíbet a China. Como se ha indicado anteriormente, el gobierno chino nunca ha sostenido haber adquirido la soberanía sobre el Tíbet por una conquista. Desde luego, China reconoce que el uso o la amenaza de fuerza (aparte las circunstancias excepcionales previstas en la Carta de la ONU), la imposición de un tratado desigual o la ocupación ilegal continuada de un país nunca puede otorgar al invasor un título legal sobre el territorio. Lo reconoce pero no lo cumple.
06.04.2008 - 16.38 h - SADHU - #7
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Penoso este siniestro personaje, manipulador, fascista, criminal y encima con la complicidad de los USA.
Si de verdad quisiera lo mejor para su pueblo se retiraría y apoyaría una alternativa democrática y no volver a la hegemonía de una dictadura teocrática esclavista donde la oligarquía de los monjes manda sobre una población que por sus propias leyes debe ser analfabeta.
06.04.2008 - 15:47h - KalinkaRojo - #5
para esclavos los trabajadores de vuestras fabricas,si tratais asi a los vuestros no quiero ni pensar como tratareis a los tibetanos.
06.04.2008 - 16.41 h - SADHU - #8
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la poblacion rural de china,poco menos que muriendose de hambre,tiene que emigrar a las grandes ciudades ,donde los explotan como esclavos,los nuevos super ricos,chinos del ppartido.
sin libertad de expresion y ahora viene al foro los chinos a echarle la culpa a la CIA.
pues si los americanos,son tan malos ,porque os la pelais por emigrar alli.y a europa,y no os quedais en vuestro bendito pais.
06.04.2008 - 16.46 h - SADHU - #9
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La excelente campaña propagandística que desde hace años ha hecho del Dalai Lama un hombre bondadoso, pacífico, amante de la democracia y de la libertad del Tíbet, ha conseguido confundir a muchas conciencias. En realidad, Tenzin Gyatso, como se llama el Dalai Lama, es el último jefe espiritual de una secta lamaísta que, tras la revolución comunista de 1949 en China vio cómo llegaba el fin de sus privilegios. El Tíbet anterior a 1949 era un territorio donde la mayoría de sus habitantes eran siervos; muchos, esclavos, que podían ser incluso vendidos, y donde la propiedad y la riqueza estaban concentradas en manos de una nobleza feudal y de los monjes de los monasterios. Los cambios políticos que llegaron con la revolución cambiaron por completo el escenario, y, ya en 1956, el Dalai Lama y su corte encabezaron una rebelión contra el gobierno revolucionario chino, armados y ayudados financieramente por la CIA norteamericana, insurrección que fue derrotada por el Ejército Popular chino en 1959. Las víctimas, en ambos bandos, de esa pequeña guerra civil fueron unas diez mil, no más de un millón como desvergonzadamente mantiene el Dalai Lama.
Nunca hubo una “invasión china” del Tíbet, como repite el fantasmagórico “gobierno en el exilio” del Dalai Lama, entre otras cosas, porque el altiplano tibetano era territorio chino desde siglos antes de que existieran todos los actuales países europeos. El Dalai Lama encabezaba un régimen tan bondadoso que tenía estipuladas penas para delitos que consistían incluso en arrancar los ojos a los condenados, cortarles los pies o las manos, y otros castigos semejantes. Aquel régimen pudo sostenerse por el aislamiento del Tíbet, por la decadencia de la China imperial y por la acción de potencias imperiales como Gran Bretaña que llegó a ocupar Lhasa.
Desde su derrota en 1959, el Dalai Lama se estableció en el norte de la India, “descubrió” la bondad de la democracia, y pasó a ser un peón estratégico en manos de Washington, que le ha financiado y ayudado diplomáticamente en el último medio siglo. Durante los años sesenta, Estados Unidos organizó y entrenó en técnicas guerrilleras y de sabotaje, incluso en territorio norteamericano (en Colorado), a grupos de tibetanos: hasta inicios de los años setenta, esos grupos, los khampas, que llegaron a tener enrolados a casi diez mil hombres, lanzaron regularmente ataques armados en el interior de China desde las bases que tenían en Nepal: al mismo tiempo, operaciones secretas de la aviación norteamericana abastecían de armas y explosivos a esos grupos.
La derrota de la insurrección de 1959, unida al nacionalismo y al irredentismo político de raíces religiosas de los monjes, ha sido utilizada en distintas ocasiones para organizar campañas de acoso y de descrédito de China; la última, a mediados de marzo de 2008. Contrariamente a las informaciones tendenciosas de la prensa conservadora internacional, las protestas y la “revuelta” en Tíbet no fueron pacíficas, y empezaron en los monasterios tibetanos de Drepung, Ganden y Sera: toda la provocación estaba perfectamente organizada. Los participantes en la revuelta sumieron a Lhasa en el caos, incendiaron la compañía eléctrica, dejando sin luz a la ciudad y organizaron un verdadero pogromo racista contra chinos han y comerciantes de la minoría musulmana que causó las víctimas ¡de las que después la prensa internacional ha hecho responsable al gobierno chino! Hay testimonios del linchamiento hasta la muerte de dos ciudadanos chinos han por parte de monjes y jóvenes tibetanos, y sabemos que cinco chicas perecieron abrasadas a consecuencia de uno de los incendios provocados por los monjes y grupos de tibetanos seguidores del Dalai Lama.
Contrariamente a las informaciones que nos han llegado, la policía china fue incapaz de controlar el feroz estallido de violencia, hasta el punto de que más de doscientos policías resultaron heridos, junto a cuatrocientos civiles. Más de cuatrocientos comercios fueron también saqueados e incendiados, y lo mismo ocurrió con siete escuelas y seis hospitales, así como con decenas de vehículos. La mayoría de la población tibetana no protagonizó esa siniestra explosión de aversión contra chinos han y musulmanes: fue obra de los seguidores del Dalai Lama. Las víctimas perecieron en esa orgía de odio y destrucción y no por la acción represiva de la policía china, como han querido hacernos creer.
El momento estaba perfectamente calculado: la proximidad de los Juegos Olímpicos amplifica el efecto del nuevo foco de tensión para Pekín, y, además, la calculada política norteamericana de presión a China (el único país que, en el siglo XXI, puede ser un rival estratégico para Washington) va a utilizar otras cartas para acosar a China. Pekín sabe que el progresivo fortalecimiento chino tiene puntos débiles que, sin duda, van a ser utilizados por Estados Unidos: Tíbet y el Dalai Lama, pero también los grupos islamistas de la región china de Xinjiang, que reciben oscuros apoyos; así como la posible creación de una crisis en Taiwan, e incluso la reactivación de la crisis nuclear en la península coreana, todos en la periferia de la República Popular china. Porque los hechos de Lhasa no han sido una “revuelta” de un pueblo oprimido, sino una provocación fríamente calculada, de la que el Dalai Lama y Washington conocen todos los detalles
06.04.2008 - 17.05 h - Dice ser Pepito Cachimba - #10
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