Filipinas, con 42 millones de teléfonos móviles por sólo 3,5 millones de fijos, presume, con diferencia, de la mayor tasa de envío de SMS per cápita de todo el mundo. Mandar un mensaje cuesta únicamente un peso (apenas 0,01 euros), mientras las llamadas no bajan de diez (0,15) y una tarjeta SIM vale 50 pesos (0,7) en un país donde el sueldo medio no supera los 176 euros mensuales y un tercio de la población vive por debajo del umbral de la pobreza.
Elemento de prueba válido en juicios
Desde felicitar la Navidad o San Valentín, las dos fiestas más populares en la ex colonia española, hasta recibir un diagnóstico médico o ligar con desconocidos, los filipinos emplean su móvil para comunicar casi cualquier noticia y viven pegados a sus terminales. En muchas carreteras del país grandes señales advierten del peligro de mandar SMS mientras se conduce ya que esta actividad causa cada vez más accidentes de tráfico, según el Departamento de Transportes.
Hasta la presidenta, Gloria Macapagal Arroyo, no se despega de su aparato y se comunica por texto con colaboradores y periodistas, y los SMS son fuente habitual de muchas informaciones en los medios y elemento de prueba válido ante cualquier juicio.
Incluso en las provincias más remotas y en zonas aisladas del archipiélago que no disponen de electricidad las 24 horas, rudimentarios generadores alimentan a las antenas de recepción para que ningún mensaje se quede sin llegar a su destinatario.




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