A medio camino entre la novela y el ensayo, el libro (Alfaguara) retrata la compleja relación entre la actriz y su psicoanalista Ralph Greenson, historia "que sobrepasó todos los códigos deontológicos hasta convertirse para ella en una dependencia psicológica y emocional", explica el también psicoanalista y escritor Michel Schneider, autor de esta novela.
Schneider ha imaginado lo que se dijo en aquellas sesiones a partir de la anotaciones que Greenson obligaba a tomar a Marilyn, como hacía con todos sus pacientes, de las declaraciones más íntimas que la estrella dio a la prensa o de los artículos que el psicoanalista publicó tras la extraña muerte de la actriz.
La relación entre paciente y médico era tan estrecha -"Él cometió el error de querer ser su protector, su Pigmalión", comenta Michel Schneider- que se llegó a insinuar la posible implicación de Greenson en la muerte de Marilyn.
"Para hablar con Marilyn no era necesario llamar a su secretaria, ni a su agente, ni a su abogado. Se llamaba a su psiquiatra", llegó a afirmar George Cukor.













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