El estreno en este teatro de Potsdam, la capital de Brandeburgo situada en las cercanías de Berlín, había despertado gran interés mediático, sobre todo tras los problemas surgidos por la nueva publicación en Dinamarca de viñetas de Mahoma y el filme del ultraderechista holandés Geerd Wilders.
Rushdie, amenazado desde hace casi veinte años por presunta ofensa al Islám, no acudió a la representación, aunque estaba invitado.
Los responsables habían asegurado que por motivos de seguridad ni ellos mismos iban a saber si el escritor angloindio tenía previsto acudir al estreno.
La producción del Hans Otto Theater, un teatro con un aforo máximo de 480 butacas, reducidas en el caso de Los versos a 368 por razones de escenografía, se abre con una escena de un secuestro aéreo por parte de terroristas.
Dos personas saltan por los aires: uno de ellos, con aspecto semejante al profeta Mahoma y al arcángel Gabriel; el otro, con aspecto satánico.
A partir de esas figuras, la obra desarrolla la interrelación entre el bien y el mal, la duda y la fe, el modernismo y el anacronismo.
La idea del director Uwe Eric Laufenberg era acercarse "lo máximo posible al espíritu" de los Versos de Rushdie, a través de una dramaturgia que había sido autorizada por el propio autor.
El secretario general del Consejo Central de los Musulmanes en Alemania, Aiman Mazyek, había llamado previamente a la calma y había asegurado que la mayoría de los musulmanes son contrarios a censuras de este tipo.
Los musulmanes no deben de colocarse "ofendidos contra la pared", lo que hay que hacer es buscar "un diálogo crítico constructivo", señaló Mazyken antes del estreno de Los versos.


















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