El cambio de hora se aplica para aprovechar mejor la luz solar y consumir menos electricidad en iluminación, aunque algunos expertos dudan de su rentabilidad mientras que los médicos consultados aseguran que durante cuatro o cinco días tanto niños como adultos padeceremos un leve jet lag.
Este pediatra afirma que los bebés apenas notan el cambio ya que todavía no son conscientes de los hábitos adquiridos, mientras que los niños en edad escolar acusan la pérdida de una hora de sueño los primeros días.
El cambio de hora, de obligado cumplimiento en la UE, empezó a generalizarse a partir de 1974 cuando algunas naciones decidieron tras la primera crisis de petróleo adelantar una hora los relojes durante los meses de más luz -entre marzo y finales de septiembre- para reducir el consumo de electricidad.


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