'Por razones muy obvias, el gobierno chino tendrá que lidiar con esto muy cuidadosamente porque sería muy fácil equivocarse mucho... Una conducta de mano dura no impresionará a nadie', dijo Stephen Bradley en una entrevista.
China, que dice que en Lhasa han muerto sólo 13 personas, ha acusado al líder espiritual tibetano de ser el cerebro de las protestas, que comenzaron con enfrentamientos el pasado viernes en la capital de Tíbet y luego se diseminaron en provincias chinas vecinas con población tibetana.
El malestar tibetano es uno más de los dolores de cabeza que se agregan al gobernante Partidos Comunista antes de los Juegos Olímpicos, entre los que se incluyen el riesgo de inestabilidad social por la inflación creciente tras años de sacrificado crecimiento económico y críticas por los niveles de contaminación en Pekín.
Bradley, que pronto va a dejar su cargo después de cuatro años, tuvo cuidado de no juzgar.
Consultado acerca de si el gobierno chino había sabido lidiar con la situación hasta el momento, Bradley dijo: 'Parece que lo están intentando mucho, pero realmente no puedo juzgar, es demasiado lejos'.


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