Silda Wall Spitzer no dijo ni pío cuando apareció junto a su esposo, Elliot Spitzer, en los actos en los que el ex gobernador de Nueva York se disculpó y dimitió por su relación con una prostituta, pero ha desatado un acalorado debate.
¿Hizo lo correcto? ¿Por qué no se quedó en casa? ¿Fue lo mejor para sus hijas? ¿Qué habría hecho yo? Éstas y otras preguntas son las que se hacen estos días muchas mujeres estadounidenses tras la estoica comparecencia de la demacrada Silda, que no es la primera en encontrarse en tamaña tesitura.
Entre las que ya se han visto en su pellejo, está la senadora demócrata Hillary Clinton, que también acompañó a su marido, el entonces presidente Bill Clinton, cuando éste entonó en público el "mea culpa" por el romance con la becaria Monica Lewinsky.
Memorable, también, fue la presencia de Dina Matos McGreevey en el 2004 ante cámaras y taquígrafos, cuando su marido, el entonces gobernador de Nueva Jersey, Jim McGreevey, reconoció que era gay.
Y eso por no hablar de Suzanne Craig, quien se sometió el año pasado al escrutinio público cuando su marido, el senador republicano de Idaho Larry Craig, explicó el embarazoso episodio en unos cuartos de baños de un aeropuerto en los que buscó, sin éxito, una aventura homosexual.
El ritual del arrepentimiento es, según los expertos, una figura clásica en la historia política estadounidense, en la que la familia juega un papel crucial.
Y Silda Wall Spitzer volvió a protagonizar el ritual, cuando Spitzer anunció esta semana la dimisión tras uno de los mayores escándalos sexuales en la reciente historia política estadounidense.
Su demacrada imagen acaparó estos días portadas de periódicos y programas de televisión y avivó el debate sobre la peculiar tradición política, aunque na de sus más fervientes defensoras ha sido la propia Matos McGreevey, quien señaló en declaraciones a la CNN que "todas lo hacemos por motivos personales".
Opiniones encontradas
Pero no todas las mujeres comparten su opinión: "¿Por qué tienen que hacer acto de presencia", se preguntaba la "blogger" Amy Ephron esta semana en la página web huffingtonpost.com.
"Lo que quiero es que una de ellas aparezca en la escalinata de la Casa Blanca o la residencia del gobernador... y se plante y diga: 'Oye, por cierto, me quedo con la casa'", sugirió Ephron.
Otros como el Washington Post se preguntaban cuándo "la mujer agraviada" tendrá un momento de lucidez y asestará un muy merecido guantazo al infiel, y supuestamente arrepentido, esposo.
Todas lo hacemos por motivos personales
Joanna Coles, directora de la revista femenina Marie Claire, dice que está convencida de que a Silda Wall Spitzer, ex alumna de Harvard, no le quedaba más remedio que aparecer junto a su esposo, por quien abandonó una prometedora trayectoria como abogada.
"La gente se apresura a juzgarla, pero ese es el trato que se hace cuando uno decide dejar su carrera para que el otro siga la suya", dijo la directora de Marie Claire en declaraciones que recoge el blog Outside the Beltway.
"Creo que hubiera sido raro si no hubiera estado allí (...) Eligió ser la mujer del gobernador y lo ha hecho de una forma muy consciente", añadió.


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