Ocurrió en 2006. Juan I. F. F., un médico residente que había trabajado en las Urgencias del hospital de Getafe, fue detenido en un control de alcoholemia. Tras dar positivo, se identificó como médico y exigió que le llevasen al hospital para hacerse un análisis de sangre que confirmara o descartara la embriaguez, informa El País.
Los dos guardias civiles le condujeron al centro, y allí, tras dos horas de espera, les facilitaron un informe médico según el cual el detenido no tenía una gota de alcohol en la sangre.
Sorprendidos y mosqueados, los dos agentes elevaron una petición para que se investigara el caso, y el resultado fue sorprendente: la sangre analizada y presentada como prueba de su sobriedad, no era la del médico, sino la de una de las celadoras, que se había sometido a dos extracciones de sangre aquella noche para encubrir al detenido.
Sanidad ha expedientado a dos médicas que ayudaron a Juan I. F. F., y a la celadora. A ésta, además, por falsedad. Ahora se enfrenta a un proceso penal por falsificación, según fuentes de la fiscalía de Madrid. En unas diligencias aparte, un juzgado lleva el tema de la alcoholemia.


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