La decisión parecía tomada antes de las elecciones del domingo: salvo humillante derrota, Mariano Rajoy tenía decidido continuar al frente del PP.
Posiblemente ni él mismo creyera que ésta fuera la mejor solución, pero Rajoy se sabía prisionero de su entorno. Una cosa es que el faraón puede desear el descanso eterno dentro de la pirámide y otra muy distinta que sus sacerdotes acepten sin rechistar acompañarle al otro barrio e hincharse a comer arena.
Sin embargo, tras la dulce derrota, nuevos elementos apuntaban a que Rajoy seguía deshojando la margarita.
El primero hubiera podido inspirar una tragedia shakespeareana: el héroe sale al balcón de Génova acompañado de su dama; quienes celebraron con él otras victorias -Aguirre o Gallardón- hacen mutis y se esconden entre bambalinas; está emocionado y triste; apenas si puede articular palabra salvo para dar gracias a diestro y siniestro; como remate, se despide con un "adiós" que, lógicamente, suena a despedida.
El segundo ha sido el silencio de los prebostes populares en torno a su liderazgo. Salvo el alcalde de Valladolid, León de la Riva, y el diputado autonómico catalán Francesc Vendrell, que han pedido que continúe pero haciendo una limpia entre sus colaboradores, nadie se ha atrevido a abrir la boca.
Orgullo y satisfacción
Ángel Acebes, su mano derecha en el partido, se limitó ayer a decir que el PP se sentía muy orgulloso de Rajoy y que éste tenía muchos motivos para sentirse satisfecho de lo obtenido en estos años.
El de Ávila quiso zanjar el debate sobre si el presidente del PP se mantendría en el cargo afirmando que sería el propio interesado el que despejará hoy el interrogante, lo que añadió más motivos de incertidumbre.
«Lo importante es la defensa de las ideas. Éste no es un partido de fulanismos y no lo va a ser nunca», afirmó Acebes.
Para alimentar más la especie Rajoy no acudió a la reunión del comité de dirección del PP y será tras el cónclave de la Ejecutiva de mañana cuando comparezca ante la Prensa con la margarita en la mano.
Éste no es un partido de fulanismos y no lo va a ser nunca
Hoy ya se le veía una daga, lanzada por Francisco Granados, en nombre de su «jefa» Esperanza Aguirre. Según subrayó el consejero, no era el momento de debatir si Aguirre sucedería a Rajoy, lo que era como decir que ese momento llegaría tarde o temprano.
Para el círculo de confianza del líder, todo lo anterior son especulaciones sin fundamento. «Rajoy no se ha planteado dimitir; lo del balcón es de chiste y, además, no suele acudir a las reuniones de los lunes», aseguran.
Zapatero, juguetón
Por su parte, Zapatero jugueteaba también con otra flor. El presidente del Gobierno en funciones no aclaró por completo si su intención era alcanzar un acuerdo de legislatura con alguno de los grupos de la Cámara, es decir con CiU, o si repetiría estrategia y se limitaría a obtener acuerdos puntuales en función de la naturaleza de los proyectos a aprobar.
No obstante, su afirmación de que el PSOE mantendría intacta «su capacidad de diálogo con todos los grupos» sugiere que Durán Lleida puede irse olvidando del pacto estable, por no hablar de una hipotética coalición. Su sueño de ser ministro se desvanece de nuevo.


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