Sarkozy, cuya popularidad ha caído en picado desde comienzos de año, afronta un revés en su primer test electoral desde su llegada al Elíseo hace diez meses y la ratificación, un mes después, del control del parlamento por su partido conservador, la UMP.
Más movilización para la segunda vuelta
Más prudente, el líder del Partido Socialista (PS), François Hollande, se negó a hablar de voto de castigo: "sólo lo sabremos al término" de la segunda vuelta el próximo domingo.
Para Hollande, reelegido alcalde de Tulle (centro), esta primera vuelta marca la voluntad de confiar a la izquierda numerosas ciudades sin necesidad de esperar a la segunda ronda y de advertir a Sarkozy y su Gobierno sobre su política, sobre todo en materia de poder adquisitivo.
En manos del electorado
El partido conservador gobernante, UMP, por su parte, se esforzó por minimizar el revés y llamó a la movilización para la segunda vuelta, que "está más que nunca en manos del electorado", según dijo el primer ministro, François Fillon, reelegido en el oeste del país.
A falta de resultados definitivos, la participación debería rondar un 66 por ciento, menos que en las Municipales de 2001, en las que la derecha arrebató a la izquierda unas 40 ciudades de más de 20.000 ciudades, aunque perdió sus bastiones de París y Lyon (tercera ciudad del país).


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