Ni ilusionante ni esperanzador (F. González Urbaneja)
El debate final, el decisivo, discurrió por los mismos cauces del anterior, pero más subido de tono, más agresivo, con una estrategia permanente de reproche.
El debate final, el decisivo, discurrió por los mismos cauces del anterior, pero más subido de tono
Y Zapatero, que es más templado, se subió al carro del reproche para contener el vendaval de su adversario que llegó con todos los argumentarios aprendidos y recitados a gran velocidad.
Rajoy fue provisto de citas y con un discurso muy contundente, muy cerrado, con casos muy concretos para golpear el mentón de Zapatero, que se resistió con guardia cerrada y devolviendo a la menor oportunidad.
Me sorprende la reiteración en el uso de la palabra absoluto y el rechazo rotundo de toda la gestión del gobierno actual desplegado por Rajoy con diligencia y tesón. Y me sorprende ese libro blanco esgrimido por Zapatero que dio muy poco juego.
El debate le ganaron los dos según quien sea el preguntado, pero en realidad le ganará el que forme gobierno dentro de unas semanas. El debate no fue ilusionante, ni esperanzador. Fue a cara de perro y bastante decepcionante.
Cuatro años maravillosos (Manuel Saco)
Estoy por apostar que ni Rajoy ni Zapatero tenían tantas ganas como yo de que pasase de largo el día del segundo debate. Ambos creo que en el fondo abrigaban el mismo pensamiento: ¿Qué pintamos aquí? Si a estas alturas, después de no haber hecho otra cosa durante cuatro años que un interminable debate electoral, todavía queda alguien que no sepa a cuál de los dos votar, es que padece un desarreglo mental grave.
La impresión que me queda es que, gane quien gane, España va a ser maravillosa los próximos cuatro años
¿De qué naturaleza prodigiosa tendría que ser un nuevo mensaje para que cualquiera de ellos nos hiciese cambiar en el último momento el sentido del voto? De todo lo dicho en el debate, habría que tener una memoria elefantiásica para recordar las promesas derramadas durante hora y media por ambos contendientes.
La impresión que me queda es que, gane quien gane, España va a ser maravillosa los próximos cuatro años. Es más, creo, sobre todo, que Rajoy lo hizo tan bien que se merece otros cuatro años de jefe de la oposición.




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