La prueba en la que se elige semanalmente al líder de Supervivientes ha sido esta semana un camino de rosas.
Los concursantes del programa de Telecinco que no estaban nominados acudieron con incertidumbre a una prueba que prometía ser dura. Sin embargo fue un verdadero regalo. La primera etapa consistía en deslizarse por una tirolina, y la segunda, relajarse en unas pozas de cálidas aguas termales.
Mientras, en la playa Paloma las dos nominadas, Karmele y Miriam, se las prometían muy felices, al verse liberadas de los que para ellas son "el mal rollo". "Estén donde estén estarán rabiosos" dijo Karmele.
Lo que no podían suponer las nominadas es que en ese momento sus compañeros estaban en la tercera etapa de la prueba semanal: cenando tranquilamente en un restaurante. Cóctel de langostinos, solomillo con verduras a la parrilla y arroz con leche fue el menú del que disfrutaron después de semanas a dieta de coco.
Según avanzaba la noche, las dos nominadas pasaron a estar intrigadas, porque sus compañeros no regresaban. Y es que éstos estaban en el cuarto reto de la prueba: no dormirse. La organización les había puesto cómodas camas y ellos debían acostarse en ellas. El último que permaneciera despierto sería el ganador.
Mario Picazo vigiló a los concursantes durante nueve horas y como al llegar el alba ninguno se había dormido, pospusieron la elección de líder a la gala semanal, que se celebra esta noche.


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