Pero muchos analistas dicen que una ruptura en la relación de trabajo entre los dos hombres podría destruir la estabilidad que se suponen que salvaguarda el reparto de poderes.
'La existencia de dos dirigentes con dos equipos no es una construcción robusta', dijo Vladimir Pribylovsky, un activista opositor y un veterano analista político.
'Los séquitos de los dos co-dirigentes ya están luchando entre ellos (...) Y eso continuará sin duda tras las elecciones'.
Por ahora al menos, la operación del sucesor de Putin parece funcionar como un reloj. Respaldado por su popular mentor, Medvedev, de 42 años, va a ser casi con seguridad el próximo presidente electo de Rusia en las elecciones del 2 de marzo.
Y Putin, de 55 años, que renunció en mayo, va a seguir relacionado con el poder al convertirse en primer ministro en una administración Medvedev. Putin no puede seguir siendo presidente porque la constitución prohíbe tres mandatos consecutivos.
La incertidumbre está en saber si el atípico acuerdo será efectivo: Putin es el mentor de Medvedev pero como primer ministro estará en una posición inferior reportando a un hombre más joven que durante años ha estado a su sombra.
Es especialmente inusual para Rusia con su tradición - reforzada por Putin durante sus ocho años en el cargo - de fuertes líderes que no encajan bien la rivalidad por el poder.
Medvedev ofreció este mes garantías de que funcionará. 'No se preocupe', dijo a la revista de noticias Itogi. 'El vínculo presidente-primer ministro demostrará su efectividad'.
Otros tienen menos confianza. 'Las elites en Rusia sólo atienden realmente a un único líder, no importa cuál sea su título', dijo el diario Nezavisimaya Gazeta en un editorial.
'Hay (...) algunos fallos y riesgos claros asociados a este acuerdo de reparto de poder', dijo Chris Weafer, jefe de estrategia del banco Uralsib. 'Las diferencias en términos de gestión de problemas y la priorización de las reformas y el gasto son inevitables'.
La historia rusa tiene muchos ejemplos de mandatos conjuntos que acabaron en desastre. La difícil cohabitación del último líder soviético Mijail Gorbachov y el primer presidente ruso Boris Yelstin aceleró el colapso de la Unión Soviética.
Cuando años más tarde Yeltsin se peleó con su vicepresidente Alexander Rutskoi, su disputa acabó con Yeltsin ordenado a los tanques que bombardeasen el Parlamento ruso.
/Por Christian Lowe/


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