La exposición `Biblioteca en Guerra' rinde tributo a todos los bibliotecarios que durante la Guerra Civil arriesgaron sus vidas por salvaguardar el patrimonio bibliográfico de la II República. Un capítulo éste muy desconocido y que guarda historias de profesionales archiveros y documentalistas que en plena barbarie fratricida trabajaron duramente por conservar un legado cultural escrito durante siglos de historia.
El Centro Cultural de la Alhóndiga (Segovia) alberga esta nuestra articulada gracias a paneles explicativos y vídeos del 13 al 28 de febrero. Un recorrido histórico itinerante que se inauguró en el 2006 en la Biblioteca Nacional, con motivo de los 70 años del estallido de la Guerra Civil y que llega dos años después hasta nuestra ciudad.
La otra batalla de la II República
Cinco son los personajes que se destacan sobre el resto por su entrega y valentía en esta hazaña cultural. Juan Vives, Tomás Navarro, Teresa Andrés, Jordi Rubio y María Moliner. Todos ellos, punta de lanza de un colectivo muy numeroso, muchos de ellos anónimos, que desde el inicio del conflicto se dieron cuenta del valor de los libros como herramienta de lucha contra el fascismo. Arma de defensa y tesoro que se hacía urgente proteger ante los intensos bombardeos que desde el principio de la contienda sufrió incluso la Biblioteca Nacional.
La labor de las Misiones Pedagógicas vuelve a ponerse de relieve como pionera de una tarea tan imprescindible como necesaria en la España rural de la época. Esfuerzo que se une a las más de 5.000 bibliotecas que se establecieron en otros tanto municipios, todos ellos enclavados en zonas deprimidas de nuestro país. Llegado el golpe de estado tocaba inventariar y proteger todos esos libros. En 1938 la Biblioteca Nacional mantiene protegidos en sus sótanos alrededor de 1.200.000 volúmenes. Cifra que nos da una idea de la colosal labor de incautación y clasificación.
La biblioteca en el frente
Otro de los logros de este nutrido grupo de profesionales y voluntarios fue el Servicio de Bibliotecas del Frente. En enormes cajones de madera se metían lotes de 120 libros que se repartían entre los soldados. Con el lema "El fusil hoy es garantía de cultura mañana" y otros muchos carteles del momento se intentaba hacer llegar el mensaje de que la cultura, y en especial los libros, eran un modo de combatir las ideas antagónicas del fascismo.
Todos los esfuerzos acabaron con la victoria de los militares rebeldes. El 2 de mayo de 1939 hacen un guiño a la Alemania Nazi con la quema de "libros separatistas", según palabras del catedrático Antonio Luna. Es el día de la Fiesta del Libro, en la Universidad Central. Festividad que se acompaña de una gran hoguera en la que son reducidos a cenizas obras de Rousseau, Voltaire y Freud, entre otros muchos autores. Sobreviviendo aún así hasta nuestros días ese espíritu filántropico de aquellos bibliotecarios y archiveros de la II República.
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