Se espera que una gran multitud acuda a un suburbio chií del sur de la capital para dar el último adiós a Mughniyah, un miliciano considerado una leyenda por Hezbolá, pero que está acusado de matar a cientos de personas en ataques contra Israel y objetivos occidentales.
Hezbolá, respaldado por Siria e Irán, acusa a Israel de matar a Mughniyah el martes poniendo una bomba en su coche en Damasco. Israel ha negado cualquier vínculo con el ataque, mientras que Washington recibió bien su muerte.
En un reflejo de las profundas divisiones que hay en Líbano, el funeral de Mughniyah se celebrará poco después de una manifestación de la coalición gobernante antisiria que marca el tercer aniversario de la muerte del ex primer ministro Rafik al Hariri.
Miles de personas, muchas con la bandera roja, blanca y verde libanesa, comenzaban a reunirse bajo una intensa lluvia en la Plaza de los Mártires del centro de Beirut, para escuchar los discursos de los líderes anti sirios, entre ellos el hijo y heredero político de Hariri, Saad.
La coalición anti siria está bloqueda en una lucha de poder que ya dura 15 meses con la oposición liderada por Hezbolá que ha dejado el país sin presidente desde noviembre.
El asesinato de Hariri el 14 de febrero de 2005, sumió a Líbano en su peor crisis desde la guerra civil entre 1975 y 1990 y llevó a la retirada de las fuerzas sirias del país.
Los políticos anti sirios culpan a Damasco de la muerte de Hariri. Siria niega la relación.
La muerte de Mughniyah es un revés importante para Hezbolá, un grupo cuya última confrontación con el Estado judío fue la guerra de 34 días de duración en 2006.
Mughniyah, de 45 años, ha estado durante mucho tiempo en una lista de extranjeros a los que Israel quería matar o capturar, y el más buscado en la lista de Washington antes de que Osama bin Laden emergiera como enemigo de Estados Unidos.
Estuvo implicado en los atentados de 1983 contra la embajada de EEUU y los barracones de las tropas francesas y estadounidenses en Beirut, en los que murieron 350 personas, así como en el secuestro de occidentales en Líbano en la década de los 80.
/Por Nadim Ladki/


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