Hasta cien cámaras de videovigilancia controlan ya todas las celdas y pasillos de la comisaría de Les Corts, el centro de detención de Barcelona del que trascendieron las imágenes de denuncia de maltrato a un detenido en marzo del 2007. Pero ha quedado fuera del circuito de control una sala en la que se identifica al detenido.
Con la instalación de 39 cámaras que se añaden a las ya instaladas antes, los Mossos quieren evitar que los presos se autolesionen y, en caso de denuncia por malos tratos o tortura, poder demostrar si los hubo. Un hecho que saltó a la palestra en marzo del año pasado cuando la policía catalana mostró unas imágenes en las que un detenido era golpeado por agentes de los Mossos en Les Corts.
«Desde el pasado mes de mayo no tenemos constancia de que haya habido ninguna denuncia» en este sentido, aclaró ayer el jefe de los Mossos en Barcelona, Joan Miquel Capell.
Sin vulnerar la intimidad
El circuito de videovigilancia «no vulnera ningún derecho», tal como matizó ayer Capell y, además, está diseñado de forma que «se preserva en todo momento la intimidad del detenido». El conseller de l'Interior, Joan Saura, matizó, además, que, durante el pasado 2007, sólo el 1% de las denuncias por malos tratos policiales quedaron demostradas.


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