En concreto, según la experta, justo durante la hora siguiente al parto se produce un «pico hormonal» en la madre, crucial para afrontar la crianza del bebé. En ese tiempo, ambos, al estar uno junto al otro, segregan endorfinas, un opiáceo que genera el organismo y que ayuda a que se hagan adicto el uno al otro. Y ese vínculo ayuda por ejemplo a la madre, a afrontar las incomodidades de la lactancia. Sin esa experiencia común, es más fácil que, por el estrés, porque no saben cómo colocar el bebé o por dolor en las mamas, «la madre acabe renunciando a la lactancia, a dar el pecho a los 15 días del parto.»
Una lección que Vegas imparte esta semana en el curso organizado por el Colegio de Enfermería de Vizcaya a los 7.000 profesionales de este territorio.


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