Aves, berzas y lechugas desaparecerán cuando empiecen a construirse los edificios de enfrente del talud de La Ería; en teoría, antes del verano. Estos restos de la vida rural muestran el rápido crecimiento de Oviedo y del barrio de La Ería en particular, donde hace menos de una década aún había una cuadra con vacas.
En la Tenderina también resisten vestigios de la vida del campo. En El Palais, las gallinas se pueden encontrar sueltas, e incluso en la calzada. Edificios de ocho pisos conviven con casitas y huertos. Y su futuro también está escrito: dejarán paso a la piqueta.
«Vivo en la ciudad y en el campo»
Olvido García vive desde hace 50 años en la misma casa de La Tenderina. Tiene un enorme jardín que utiliza como huerto y un gallinero. Este año ha plantado berzas, lechugas, perejil y muchas flores. «Vivo en la ciudad y en el campo a la vez», cuenta. Le queda poco, su casa se demolerá para construir pisos. «Sólo pido que me den uno para vivir en el mismo sitio», dice.


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