El viernes, el ex secretario general de Naciones Unidas Kofi Annan medió en un acuerdo entre los políticos kenianos para tomar medidas inmediatas para el término de la violencia postelectoral, que ha matado al menos a 850 personas y desplazado a más de un cuarto de millón.
Los disturbios, enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y represalias étnicas comenzaron después de que el presidente Mwai Kibaki regresó al poder tras las elecciones del 27 de diciembre, que según su rival político Raila Odinga fueron manipuladas.
La violencia, que a menudo enfrenta a la tribu Kiyuku de Kibaki con la Luo de Odinga, ha terminado con la imagen de Kenia de un país estable y próspero.
Un grupo de jóvenes rodeó el sábado una iglesia evangélica cerca de Eldoret, donde al menos dos personas se estaban refugiando, y le prendió fuego. Un testigo sostuvo que los que estaban en el interior del recinto lograron escapar con vida.
'La quemaron', dijo Peter Kaguru, que estaba rodeado de los escombros de la iglesia.
'No sé quién fue, pero rompieron la puerta y entraron. El pastor es un kiyuku, el terreno pertenece a un kiyuku. Quizás tiene algo que ver con eso', afirmó.
Los choques entre pandillas que representan a las tribus Kisii y Kalenjin también estallaron en una carretera que conecta a localidades del Valle de Rift, dijeron testigos.
Aseguraron que la violencia se produjo en respuesta al asesinato del legislador de la oposición David Kimutai Too, un Kalenjin que murió el jueves a tiros en Eldoret a manos de un policía Kisii.
La policía indicó que se trató de un crimen pasional, pero la oposición dijo que fue un asesinato político.
Además de comprometerse a detener la violencia, los partidos políticos acordaron el viernes entregar ayuda humanitaria a los refugiados y encontrar alguna manera de abordar el estancamiento dentro de 15 días tras el comienzo de las negociaciones el 29 de enero.
/Por David Lewis/. *.


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