Son un negocio y por lo tanto deben generar beneficios. Cuentan con su propia moneda virtual para realizar las transacciones. En Second Life son los 'dólares linden' y en Habbo los 'créditos'.
Los objetos que el usuario compra en Habbo se denominan 'furnis', y cualquier elemento se puede englobar en esta categoría: una habitación, ropa, muebles o entradas para conciertos virtuales. Incluso se ha dado el caso de un robo de mobiliario virtual que ha acabado en un juzgado.
Un interminable centro comercial
En Second Life no es la empresa la que cobra por los objetos y servicios que el usuario puede adquirir, sino que lo hacen las distintas empresas de desarrolladores y diseñadores que han intuido posibilidades de negocio y se han establecido en este universo. Incluso hay inmobiliarias que especulan con el precio del suelo digital, de lo que se deriva que es necesario pagar por una parte de suelo donde asentarse.
Como resultado el usuario podrá entrar y manejarse bien en estos metaversos, pero de forma ineludible comenzará a aburrirse a los pocos días de pasear por sus paisajes. A no ser que haya dado de alta una cuenta premium y tenga, en consecuencia, dinero virtual para ir comprando cosas o asistiendo a los numerosos espectáculos de pago.
En muchas ocasiones estos universos parecen un interminable centro comercial de diseño donde todo es perfecto y hermoso, si bien nada está al alcance de los usuarios que no están dispuestos a pagar. ¿Sueño o pesadilla?


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