Hubo más curiosos que participantes. El montaje ayudó a que así fuera. Los activistas optaron por desnudarse, tenderse en el suelo y mancharse con un líquido que simulaba la sangre de los animales cuando son sacrificados. Y lo hicieron en las escaleras que dan acceso a la catedral de Barcelona.
«¿Cuántas vidas para un abrigo?», se preguntaban los manifestantes, en referencia a los visones, zorros, nutrias, castores o chinchillas necesarios para confeccionar un abrigo de piel. Respondieron ellos mismos: veinte, aunque la cifra es variable. Pretendían alertar de que no es elegante usar pieles de animales.
Catalunya es una de las autonomías españolas que concentra mayor cantidad de industrias peleteras.


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