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Los kenianos cuentan los muertos en la refriega poselectoral

NAKURU, Kenia (Reuters) - Los cadáveres de los kenianos asesinados se acumulaban el sábado en el depósito de Nakuru, una localidad en el otrora turístico valle del Rift. Hay adultos y niños. Algunos con heridas de machete, otros de lanza, otros de flechas que probablemente les remataron.

Al menos 27 personas han muerto en los últimos dos días entre las etnias rivales en este pueblo junto a un lago en el que hay unas vistas impresionantes del valle.

Hasta el viernes, Nakuru se había librado de la violencia que ha causado la muerte de al menos 700 personas en un país del este de África que estaba considerado como un ejemplo de cierta estabilidad en el continente, y 250.000 más han tenido que huir de sus hogares desde las polémicas elecciones del 27 de diciembre, en las que el presidente Mwai Kibaki logró una ajustada victoria.

El sábado la policía tuvo que intervenir para separar a los grupos de jóvenes de diferentes tribus, mientras unos agentes descargaban en el depósito de cadáveres los cuerpos incinerados de una camioneta. La gente miraba aterrorizada, y una mujer gritó y salió corriendo.

'Nunca había visto esto en Kenia', dijo un hombre bien vestido, su cara llena de lágrimas. 'Sólo rezo para que nuestros dirigentes acaben con esto rápidamente'.

El rival de Kibaki y líder de la oposición, Raila Odinga, perdió unos comicios que según los observadores no cumplieron los estándares, y asegura que hubo manipulación. Ahora los enfrentamientos oponen a la tribu kikuyu del presidente con los luos y kalenjins que apoyan a Odinga.

El ex secretario general de Naciones Unidas Kofi Annan pidió el sábado que se lleve a cabo una investigación sobre los 'flagrantes y sistemáticos' abusos ocurridos en Kenia, tras visitar zonas que han sido alcanzadas por la violencia.

'LOCURA TRIBAL'

Como muchas víctimas del derramamiento de sangre, Nicodemus Adede conocía a sus atacantes: eran amigos.

'Los que están haciendo con esto es gente que vivía con nosotros. ¿Te lo puedes imaginar?' pregunta el conductor de una mototaxi, que tiene dos heridas de machete en la cabeza, mientras espera en el hospital de Nakuru en el que han sido atendidos 165 heridos.

'Éramos amigos, pero esto es como una locura tribal. Todavía no sé por qué lo han hecho'.

Mientras habla, un hombre con una flecha sobresaliéndole de la cabeza pasa por delante, confuso pero consciente. Los trabajadores de Médicos Sin Fronteras van de un lado a otro, intentando curar a los heridos.

Incluso los afortunados que han salido con vida han perdido sus casas, incendiadas y saqueadas por las bandas. Los refugiados intentaban reunir sus pertenencias: muebles, sofás, incluso neveras y equipos de sonido, una señal de la relativa prosperidad de esta popular zona turística.

'Al menos estamos vivos', aseguró Mureithi Kibinge, de 25 años y empleado de una pequeña empresa financiera al que le han quemado la casa.

'Las cosas materiales se pueden comprar. Solo queremos que vuelva la paz'.

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