Los militares colombianos han creído durante mucho tiempo que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) buscan refugio en la frontera venezolana, pero el discurso de Uribe fue inusualmente fuerte.
Consultado acerca de la presencia de la FARC en Venezuela en un almuerzo con empresarios españoles en Madrid, Uribe respondió: 'Estos bandidos, a medida que sienten la presión de nuestra fuerza pública, abusan de nuestros vecinos. Lo que les digo a los vecinos es que no dejen que abusen de ellos'.
El presidente colombiano realiza una visita a Francia, Bélgica, Suiza y España para promover las inversiones y los lazos comerciales, así como para recibir apoyo a sus políticas de seguridad, criticadas frecuentemente por grupos de derechos humanos.
Las relaciones entre Uribe, un aliado de Estados Unidos, y el presidente izquierdista Hugo Chávez pasan por un momento una gran tensión después de que el mandatario colombiano suspendiese la mediación de su homólogo venezolano ante las FARC para buscar la liberación de más de 40 personas secuestradas.
Uribe le acusó de entrometerse y el presidente venezolano le calificó de cobarde, mentiroso y de ser un peón del imperio de Estados Unidos.
Pese a que la semana pasada Colombia le exigió respeto por Uribe y su Gobierno, Chávez lo comparó con Vito Corleone, el jefe de la mafia de Nueva York, en la película 'El Padrino'.
'Colombia tiene mucho que perder si no se manejan estas relaciones con suma prudencia, sobre todo el tema comercial', dijo a Reuters el analista Rodrigo Lozada.
Colombia y Venezuela comparten una frontera terrestre de 2.219 kilómetros, con un activo comercio binacional que en 2007 ascendió a unos de 6.000 millones de dólares (unos 4.110 millones de euros). Venezuela es el segundo socio comercial de Colombia después de Estados Unidos.
SILENCIO PARA NEUTRALIZAR
Uribe es un aliado de empresarios e inversores que han dado soporte a un crecimiento económico sostenido en los últimos años y elevado el nivel de empleo en el país de más de 42 millones de habitantes.
Después de que Chávez recibió de las FARC a dos políticas que estuvieron secuestradas alrededor de seis años, pidió a Bogotá y a la comunidad internacional dejar de llamar terroristas a la guerrilla, darle reconocimiento político y estado de beligerancia.
Uribe, quien apoyado por Washington lidera un programa contra la guerrilla, se negó a dejar de considerar terroristas a las FARC pero no perdió la paciencia frente a lo que para muchos era una nueva provocación de Chávez, quien llamó a consultas a su embajador en Bogotá y ordenó reforzar la presencia militar en la frontera para evitar el contrabando de alimentos.
Analistas sostienen que no sería prudente para Uribe escalar la confrontación porque provocaría una situación de desestabilización en la región, que incluso afectaría a Estados Unidos, que se abastece en un buen porcentaje del petróleo venezolano.*.


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