Los 150 alumnos del colegio Príncipe Felipe de Umbrete llevan cuatro meses estudiando en un edificio en obras. Las soportan a diario desde que empezó el curso escolar, a mediados de septiembre.
El centro sigue estando lleno de vallas y herramientas. Sus alumnos de Infantil continúan estudiando en aulas provisionales y los camiones siguen entrando en el edificio para descargar material.
Educación y la empresa encargada de las obras de reforma de este antiguo insti-
tuto se comprometieron con los padres, según explican a 20 minutos desde la Asociación de Madres y Padres de Alumnos, a que los trabajos estarían listos a la vuelta de las vacaciones de Navidad, pero no ha sido así. «Sólo ha habido un retraso», señalan desde la Delegación Provincial de Educación. Estarán el día 31, dicen fuentes municipales.
Los padres están «indignados». Quieren conocer el porqué del retraso y no reciben información. Se han dirigido varias veces al delegado provincial de Educación, José Jaime Mougán, solicitando una reunión, y siguen «sin respuesta». Incluso dicen que Educación «ha ordenado» a la dirección no hacer públicos estos problemas.
Las obras, competencia del Ente Público Andaluz de Infraestructuras y Servicios (Junta de Andalucía), serán el tema central de la reunión que mantendrán hoy el alcalde de esta población aljarafeña, Joaquín Fernández Garro; su concejal de Educación, José Llorente, y el propio Mougán.
Robo de material
En estos meses, el colegio ha sido víctima de los cacos. Se han llevado material de la empresa, equipos de música... y hasta el móvil de la dirección. El último robo fue denunciado ayer mismo. Esta vez, los ladrones se llevaron uno de los ordenadores con los que cuenta el colegio.
Susto en octubre
Los obstáculos que los niños deben sortear a diario ya han provocado algún que otro percance. En el mes de octubre, los padres se llevaron un buen susto. Un alumno se rompió un brazo y otros dos (de tres y siete años) resultaron heridos. El viento volcó sobre ellos una de las vallas metálicas (sujetas al suelo con una plancha de hormigón y de 12 metros de longitud) que separaban el patio de la zona en obras. A raíz de este suceso, el Ayuntamiento contrató a un vigilante para que velase por la tranquilidad de los pequeños y por el cumplimiento de las medidas de seguridad necesarias en el transcurso de los trabajos.


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