Hay una buena explicación para esta reticencia. En las calles con movida noctura y bares, como Sabugo y Rivero, por ejemplo, no hay apenas señalización vial, la circulación es complicada y se acumulan botellas y vidrios rotos en el pavimento. «Si a eso le añadimos que se concentra un número enorme de jóvenes, el riesgo para el taxista es alto. Si hay un atropello o algún incidente, es todo un problema», comenta.
En un caso como éste, con alcohol de por medio, los taxistas temen que el ambiente pueda ser demasiado hostil para ellos. Pese a las ausencias, el servicio de taxis está totalmente garantizado en esos lugares, incide José Ramón Ortea.


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