El Ministerio Fiscal y la acusación particular, con Alejandro Javier Díaz-Soto como abogado, consideraron que la muerte de Santiago "se podría haber evitado haciendo uso de un sinfín de posibilidades". Además, Díaz-Soto declaró que "me cuesta creer que una madre, apoyada por tres hijos haya aguantado 28 años una situación así; ella no es ajena a toda culpa".
El abogado también apuntó que "el matrimonio se daba mala vida mutuamente". En su opinión, "Santiago no se merecía la muerte, porque nadie puede matar a otra persona e irse de rositas" y acusó a Emiliana de "haber montado una fábula durante la vista oral, faltando a la verdad". En opinión del abogado "había un sinfín de posibilidades para evitar lo ocurrido".
Los forenses dudan
A juicio del abogado, el día de los hechos, Emiliana pensó: "Hoy es mi día, cojo el cuchillo y me quito el problema", y recordó que, según los psicólogos, "la acusada no tenía un especial sentimiento de culpa por haber matado a su marido" Finalmente, el Díaz-Soto lamentó que a Santiago se le hiciese un juicio doble, "mostrándole como un ogro y un monstruo, cuando en realidad es la víctima".
A Santiago se le ha mostrado en el juicio como un monstruo, cuando en realidad es la víctima
Por su parte, el Ministerio Fiscal acusó a Emiliana de haber cambiado su versión de los hechos respecto a lo afirmado ante la Guardia Civil, el Juzgado de Instrucción y los psicólogos en mayo de 2006. Entonces, Emiliana declaró que "no se dirigió hacia su marido con el cuchillo en la mano con la intención de amenazarlo, sino que quería darle su merecido". La fiscalía entiende pues "que la mujer hizo lo que quería".
El Fiscal también recordó que, como dijeron los forenses, "la herida que presentaba el fallecido es incompatible con un resbalón" (como declaró Emiliana). También declararon dos peritos biólogos que indicaron que la sangre que se les envió de la víctima para ser analizada "mostraba una presencia de 2,25 gramos por litro de sangre", una concentración que definieron como "alta"..
Finalmente, también prestó declaración el médico de cabecera del consultorio médico de Argés que atendió a la familia durante muchos años, quien confirmó que el marido de la acusada "llegó a reconocer que bebía en exceso".
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