El Papa dio ayer la espalda a los fieles. Por primera vez tras más de cuatro décadas, desde la reforma del Concilio Vaticano II, el pontífice ofició la misa como dicta el ritual preconciliar. El Concilio Vaticano fue convocado por el Papa Juan XXIII y clausurado por Pablo VI en 1965.
Benedicto XVI celebró la eucaristía en la Capilla Sixtina con motivo de la Fiesta del Bautismo de Jesús y bautizó a 13 niños, hijos de empleados del Vaticano. El Papa Benedicto quiso oficiar en el antiguo altar pegado a la pared en la que el Miguel Ángel pintó el Juicio final y, por tanto, dando la espalda a los fieles y con la mirada puesta en el gran crucifijo existente. Y leyó la homilía en un trono colocado en la pared derecha y no en el centro de la capilla. Hasta ahora, para oficiar en la Sixtina se utilizaba un altar móvil, que se colocaba delante del Juicio final. En él ofició siempre Juan Pablo II y el propio Ratzinger en los dos años que lleva de pontificado.
La Oficina de Celebraciones Litúrgicas se apresuró ayer en aclarar que el Papa utilizó el antiguo altar para «no alterar la belleza de esta joya arquitectónica».
Con el misal «de siempre»
Sí modificó la forma, pero no el contenido. El Papa empleó ayer el misal «ordinario», el que salió del Concilio Vaticano II. Ofició en italiano y siguiendo el misal introducido por Pablo VI en 1970, que «es la forma normal de la liturgia», precisó el Papa cuando liberalizó la misa en latín, el pasado julio.




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