Un estudio de la red de investigadores del terrorismo islamista Athena Intelligence advierte que los distintos fallos en materia de seguridad y control de radicales que sufren las cárceles españolas, pueden haber permitido que los centros se hayan convertido ya en "una cantera donde forjar una nueva generación de radicales", sin que la Administración sea consciente de ello.
Escaso control
En el estudio también se denuncia que el 15 por ciento de los 142 reclusos encarcelados por delitos de terrorismo islamista conviven en módulos con presos comunes, muchos de ellos musulmanes. Esta "mezcolanza", recuerda, fue la que permitió que se creara en el interior de las cárceles una célula que pretendía volar la Audiencia Nacional y cuyos planes fueron desbaratados por la 'Operación Nova'.
Asimismo, los investigadores denuncian el "escaso control" que se ejerce sobre las personas que visitan a los presos de origen musulmán, entre los que podrían encontrarse personas con "especial autoridad salafista yihadista". Además 5.000 voluntarios pertenecientes a 300 ONG tienen acceso a las cárceles, cuya labor podría ser utilizada por radicales para infiltrarse.
También se destaca que los traductores sólo pueden acceder al contenido de las llamadas que se graban. Es imposible conocer de qué se habla en patios, salas de ocio o las mezquitas habilitadas.
Igualmente, denuncia la falta de control sobre el dinero que reciben los internos, ya que cualquier persona, de forma anónima, puede enviar sumas mediante giros o ingresos en ventanilla. Este es el caso de Allekema Lamari --miembro la célula que perpetró el 11-M y que se inmoló en el piso de Leganés--, que envió dinero a internos yihadistas estando ya en busca y captura.


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