Bezabeh –según un estudio radiológico de la Comunidad tiene 21 años– llegó en 2004 a España en avión, como uno de tantos inmigrantes ilegales, y durmió «un mes en un banco de un parque de Cuatro Caminos». Su vida en Etiopía no era mala: «Mis padres eran funcionarios. Comencé a correr a lo siete años; iba al colegio corriendo y corría para divertirme con mis amigos, pero quise venirme a España para entrenarme mejor».
Lleva dos años y medio tramitando sus papeles de residencia y asegura que sólo se ha encontrado una vez de frente con el racismo, «cuando una persona de la Comunidad de Madrid me dijo que yo nunca podría vivir aquí».
Actualmente se entrena con atletas españoles de la talla de Reyes Estévez o Luismi Berlanas y vive en Vicálvaro «con otros tres compatriotas. Con lo que gano en las carreras me pago mi habitación, unos 250 euros al mes. Siempre voy a entrenarme en metro».
Gebrselassie, su ídolo
Durante la conversación con 20 minutos, Alemayehu nos desvela el secreto de la superioridad africana: «Allí hay más altitud y cuando venimos a Europa todo es más fácil. Mi ídolo es Gebrselassie; me encanta verle correr».
Bezabeh, de cuerpo escurrido y piernas larguísimas, corre para vivir mejor y dice que siempre está «en guerra con la pista». Su entrenador, Manuel Pascua, no lo duda: «No es humano, es un robot».


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