El actor australiano ganador de un Oscar Russell Crowe está luchando otro combate de gladiadores para alejar a sus compatriotas de la adicción a las maquinas tragaperras.
Crowe se ha convertido en la cabeza visible de la oposición a estas máquinas que engordan los beneficios de los pubs y clubes australianos, donde los apostantes invierten hasta 10.000 millones de dólares australianos al año (unos 6.000 millones de euros).
Más de 200.000 máquinas, o un 21 por ciento del total mundial, se extienden por el país, alimentando la adicción al juego de hasta 300.000 personas, según las frustradas agencias de asistencia social.
Retirada
Pero Crowe está encabezando una revuelta tras convencer al consejo de su club de fútbol de Sydney el mes pasado de que retirara las decenas de tragaperras que recaudaban un millón de dólares australianos al año.
La protesta de Crowe contra las máquinas ha llevado a la reflexión a los australianos.


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