Una vez más el cementerio de Santa Catalina acogió el último adiós a un cuerpo de mujer sin identidad, de una inmigrante que perdió la vida en su intento por alcanzar Europa.
El único dato que se conoce es que se trata de una mujer subsahariana que pereció ahogada, posiblemente al caer de un lancha en la que intentaba alcanzar Ceuta y cuyo cadáver apareció hace unos días en la playa de la Ribera.
El número 202
Su último refugio ha sido el nicho 202 al que llegó tras un escueto responso del padre Pedro Durán y con la única compañía de dos hermanas Carmelitas y los empleados de la funeraria.
Espero que no tengamos que volver en un tiempo
"Esperemos que no tengamos que volver en un tiempo", reflexionaba una de las hermanas con el nicho recién sellado; y es que la experiencia dice que habrá que volver, seguramente más temprano que tarde.
Las aguas que comparten España y Marruecos se ‘tragan' demasiadas vidas cada año y mientras Ceuta entierra a sus muertos -porque son suyos, son de todos- otros esperan al otro lado de la valla.
Mercancía humana
Otros a los que si la suerte les acompaña serán futuros europeos; en caso contrario serán futuros cadáveres; y si la misma suerte les hace tan sólo una visita rápida serán mercancía de canje entre policías corruptas y mafias que comerciarán, por un puñado de monedas, con vidas de seres humanos.
Muy cerca de Ceuta el precio es de 50 euros por cabeza.
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