Ladrón que roba a la ladrón (Bottle Rocket, 1996)
Filmado primero como un cortometraje en blanco y negro de trece minutos, esta disparatada comedia, escrita junto a su compañero de Universidad, Owen Wilson, es el primer largometraje de Anderson.
Precisamente Wilson y sus hermanos Andrew y Luke protagonizan la cinta, que narra el afán de tres jóvenes inadaptados por convertirse en ladrones. La huída inicial de un manicomio, un atraco enloquecido, los descabellados planes del líder de la banda, Dignan, y finalmente el encuentro con un mafioso interpretado por James Caan, en una parodia de sus mejores papeles, componen una comedia sorprendente, que fue recibida como un "soplo de aire fresco" por la crítica estadounidense.
Esta road movie, con aire setentero, sobre absurdos espúiritus libres centró la atención de la industria sobre el director y su amigo Owen Wilson, aunque en cambio no sirvió para disparar la cotización de la mexicana Lumi Cavazos, que unos años antes protagonizara la exitosa Como agua para chocolate.
Academia Rushmore (Rushmore, 1999)
Palabras mayores: Wes Anderson deslumbra, tres años después, con este retrato de un adolescente incapaz de asumir qué ocurre a su alrededor. Por una vez, una película ambientada en un colegio universitario (o teen movie) no habla de reinas de la belleza y capitanes del equipo de fútbol, sino de un muchacho sensible e inteligente pero con gafas, peinado poco favorecedor y un metro y medio de altura.
El duelo interpretativo entre el chico, Jason Schwartzman, y su protector, Bill Murray, es deslumbrante, especialmente cuando ambos empiezan a competir por el amor de una bella profesora, con la madurez insólita de Anderson para mostrar la fragilidad similar que sufren varones adolescentes y aquellos que se acercan a la edad madura.
Irónico, romántico y cómico, el guión, escrito nuevamente entre Anderson y Wilson, desvela lo que es crecer en Texas... y en cualquier otro lugar del Mundo, en una perfecta mezcla de El graduado, American Graffiti y Movida del 76 y una exhibición de cómo decir cosas dramáticas dejando una sonrisa en la boca.
Los Tenenbaum (The Royal Tenembaums, 2001)
La sensibilidad de JD Salinger en sus relatos sobre la familia Glass, el retrato descarnado de esa colección de 'cristales rotos' y la infancia perdida de las mentes más brillantes de toda una generación parecen inspirar ahora esta nueva obra de Anderson, que hermana a varios grandes actores (Ben Stiller, Gwyneth Paltrow y Luke Wilson) situándolos en un Manhattan fantástico de hoteles grandiosos y mansiones palaciegas.
Los pequeños Tenenbaun, niños prodigio desperdiciados y excéntricos, deambulan en medio de la melancolía y amores prohibidos y/o incestuosos, lastrados por la ausencia de unos padres, Anjelica Huston y un desmesurado Gene Hackman, improbablemente pródigos.
La comparación con Salinger no es casual porque, además, ésta es la película más literaria de Anderson, que la estructura como un libro y subraya con acotaciones a sus sus personajes. La tercera no sólo es también la vencida: Los Tenenbaum confirman que estamos hablando de un genio.
Life Aquatic (The Life Aquatic with Steve Zissou, 2005)
Pocos directores tan fieles a su estilo como Anderson: si ya en lo estético es sencillo reconocer las imágenes distorsionadas, el colorido, las parálisis gestuales llenas de dramatismo, también en lo argumental Anderson enlaza cada una de sus obras construyendo una obra llena de coherencia. Se ha repetido estos años: si el Max Fischer de su Rushmore, director de obras de teatro en la escuela, hubiese realizado cine habría rodado Life Aquatic: optimista, surrealista, hermosa.
También la neurasténia y los lujos de Los Tenembaun tienen continuación en este alarde onírico submarino, en un imaginario mundo acuático de Anderson lleno de tecnologías absurdas y criaturas marinas creadas junto a Henry Selick. Las canciones de David Bowie, traducidas al portugués por Seu Jorge, y otro puñado de grandes interpretaciones de varios fieles de Anderson (Huston, Wilson o, sobre todo, Murray) terminan de hacer respirar esta melancólica obra maestra.













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