Joven, extranjera, sin recursos, sin conocimiento del idioma y sin una red familiar que la sustente. Así de frágiles son la mayoría de las mujeres que se dedican a la prostitución en Almería.
Para ayudarlas la Asociación para la Atención Integral de Mujeres en Situación de Riesgo (APRAM) pone en marcha cada noche unidades móviles desde las que entran en los clubs con el objetivo de proporcionarles ayuda sanitaria, psicológica y jurídica.
Evitar embarazos
En palabras de la presidenta de APRAM, Mercedes Díaz, el primer tipo de ayuda que presta esta unidad móvil es muy básico, centrándose en la atención sanitaria, como la distribución de preservativo, aunque en ocasiones de poco sirve, ya que "muchas veces por exigencias del lugar tienen que realizar los servicios sin preservativo y otras veces los propios clientes los rompen poco antes de eyacular, con lo cual hay muchos embarazos por rotura de preservativo".
Muchas veces por exigencias del lugar tienen que realizar los servicios sin preservativo
Por todo ello, se hace difícil evitar los embarazos no deseados, por lo que la asociación trata de informarlas sobre el uso de la píldora del día después. De hecho, usuarias de APRAM han interrumpido voluntariamente el embarazo hasta cuatro ó cinco veces. En conjunto, todas consideran que lo que "hacen no es normal y que las perjudica física y psicológicamente".
Depresión, drogas y humillaciones
Tal es así, que un gran número de ellas acaba con depresión. Es el caso de una joven rusa de 30 años que prefiere no facilitar su nombre. Llegó a España hace poco más de un año. Hace tan sólo un mes que dejó el club de alterne en el que trabajaba y empezó un tratamiento psicológico.
Sus problemas mentales empezaron a raíz de sus experiencias trabajando en un local de alterne. "Es imposible describirlo, he vivido mucho, si no estaba borracha no me acercaba al cliente", explica. Además del alcohol, en este mundo las mujeres se ven envueltas normalmente con las drogas. "Nos daban drogas, nos invitaban, ya que vienen muchos drogadictos para pasar el tiempo y pagaban mucho".
En cuanto al perfil del cliente, la joven asegura que "vienen de todas las edades, incluso abuelos, que son los que hacen las peores cosas". Respecto a cómo se siente en España dice que cuando trabajaba en el club "los niños nos tiraban piedras y las mujeres no nos hablaban, era como si viviésemos en el Tercer Mundo". Ahora, esta joven rusa intenta salir de esta situación. Ha aprendido el español y con la ayuda de APRAM prepara su currículum con la esperanza de encontrar un trabajo diferente.
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