Muchos llegaron al ritual que simboliza el apedreamiento del demonio con los pies hinchados y las piernas doloridas tras caminar cerca de 20 kilómetros durante la noche, deteniéndose para unas pocas horas de sueño en el área de Muzdalifa, donde recogieron al menos 49 piedras pequeñas.
Venían de la llanura de Arafat, donde el Hach llegó a su punto culminante el martes por la tarde, con un periodo de espera y oraciones privadas hasta que el atardecer le da la señal de partida a los más de dos millones de peregrinos.
Después de cumplir con los tres principales deberes del miércoles - las piedras, afeitarse la cabeza y el animal de sacrificio - los peregrinos hombres pueden quitarse las dos prendas de ropa blanca que se pusieron la mañana del lunes cuando entraron en un estado de pureza ritual.
El lanzamiento de piedras es una de las etapas más peligrosas de un rito que ha visto una serie de trágicos accidentes en los últimos años, mientras el acceso a transporte aéreo y la prosperidad aumentan la presión del Gobierno saudí para otorgar más visas a peregrinos.
Más de 1,6 millones de personas entraron este año a Arabia Saudí para el evento, cerca de la misma cantidad que el año pasado.
Junto a los peregrinos de dentro del país, trabajadores saudíes y extranjeros, el número total ronda los dos millones. Algunos medios nacionales hablaron de tres millones.
El miércoles los peregrinos tuvieron la opción de elegir entre tres pasarelas para aproximarse a la pared de piedra y cemento, una moderna versión de lo que solía ser un pilar de piedra. El ritual representa el desafío al mal y el compromiso a resistir sus tentaciones.
Las autoridades saudíes han añadido dos niveles superiores para disminuir la gran cantidad de personas concentradas en el nivel del suelo, donde en enero de 2006 murieron 362 peregrinos en la aglomeración, la peor tragedia del Hach en 16 años. Pero no todos los peregrinos estaban felices.
Fadel Marhoon, un profesor de estudios islámicos de Bahréin, dijo que las nuevas paredes o pilares, conocidas en árabe como jamarat, eran tan grandes que los peregrinos a menudo lanzaban sus piedras desde lejos, haciendo peligrar a aquellos situados frente a ellos.
'Si te acercas y después te das la vuelta, cuando has terminado puedes ser golpeado en la cara', dijo.
/Por Jonathan Wright/.*.


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