Primero prohibió la compra de agua embotellada con dinero municipal para reducir la basura y conservar energía, y ahora el alcalde de San Francisco, Gavin Newsom, ha puesto el ojo en los refrescos, por su alto contenido calórico.
Newsom ha propuesto imponer a los vendedores de bebidas azucaradas un gravamen que le daría dinero para lanzar campañas publicitarias contra la "adicción" a los refrescos y para el programa 'Ponte en forma, San Francisco', que organiza ligas deportivas, paseos y otras actividades para bajar la barriga.
El alcalde ha citado un sondeo del departamento de salud de la ciudad que muestra que casi una cuarta parte de los menores de 11, 13 y 15 años se pasan de peso en la ciudad californiana. Un 10 por ciento de las calorías que ingieren diariamente vienen suspendidas en las Coca-Colas, Pepsis, Dr. Peppers y otras bebidas carbonatadas similares, de acuerdo con el estudio.
Gastos en salud
Newsom destacó que la obesidad le cuesta al municipio decenas de millones de dólares en concepto de costos de salud. El alcalde, que ganó fama nacional al oficiar matrimonios entre homosexuales en 2004, aún no ha definido a cuánto ascendera esa tasa.
La industria de refrescos mantiene, por su parte, que las causas principales de la obesidad son la falta de ejercicio y los malos hábitos de comida. También insiste en que, al final de cuentas, beber refrescos o no es una decisión personal en la que no debería meterse el Gobierno. Es el mismo argumento usado por la industria del tabaco.


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