Un día después de firmar un pacto destinado a revisar las obsoletas estructuras del bloque en una elaborada ceremonia en Lisboa, los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 países de la UE estarán decididos a demostrar que se ha acabado el mirarse el ombligo en Bruselas.
Preocupados por la inestabilidad en los Balcanes causada por los deseos de independencia de Kosovo, los dirigentes dirán que Serbia debería contar con una vía de acceso rápido hacia su candidatura europea, según un borrador de declaración visto por Reuters.
También plantearán la posibilidad de sanciones más duras contra Myanmar, según el texto, e intentarán responder a la preocupación de la opinión pública sobre las tensiones en los mercados laborales europeos por la inmigración y las importaciones baratas.
'El Tratado de Lisboa proporciona a la Unión un marco institucional estable para el futuro próximo', dirán los líderes europeos, según un borrador del comunicado final.
'La Unión podrá concentrarse completamente en los desafíos concretos que hay por delante'.
Sustituyendo la Constitución más ambiciosa abandonada después de que los votantes franceses y holandeses la rechazaran en 2005, el Tratado de Lisboa preserva la mayoría de las reformas institucionales claves, pero elimina polémicos símbolos de Estado como una bandera y un himno.
Los líderes de la UE esperan que aligere las estructuras del bloque para hacer frente a la ampliación después de que abriera sus puertas a 12 países en su mayoría ex-comunistas en 2004 y 2007. Sus críticos dicen que reducirá la soberanía nacional aún más y dará más poder a Bruselas.
La cumbre del viernes acordará además un mandato para un 'grupo de reflexión' sobre el futuro a largo plazo del bloque, nombrando a un presidente para este comité, que deberá informar a los líderes de la UE en junio de 2010.
Un portavoz de la presidencia europea que asume este semestre Portugal no quiso hablar sobre posibles candidatos. Entre los nombres que han sonado están el ex presidente de Gobierno español Felipe González, la ex presidenta letona Vaira Vike-Freiberga, el ex presidente del Parlamento Europeo Pat Cox y el presidente del gigante de la telefonía Nokia, Jorma Ollila, según diplomáticos.
/Por Mark John e Ingrid Melander/


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