En una elaborada ceremonia de firma en el grandioso Monasterio de los Jerónimos de Lisboa, los líderes de los Veintisiete dijeron que el tratado abriría un nuevo capítulo en la historia de la UE, dotándola de una política exterior más sólida y de más democracia en la toma de decisiones.
El tratado sustituye a una ambiciosa Constitución que fue rechazada por los votantes franceses y holandeses en 2005, lo que provocó una crisis.
'Fue el proyecto europeo con el que muchas generaciones soñaron y otros antes de nosotros defendieron, con una visión del futuro', dijo en la ceremonia el primer ministro portugués, Jose Socrates.
Cada uno de los 27 jefes de Estado y de Gobierno firmó el tratado en el claustro del monasterio, mientras sonaba de fondo el Himno a la Alegría de Beethoven. Después recorrieron en un tranvía con un cartel que decía 'Tratado de Lisboa' la corta distancia que les separaba de donde comieron.
'Europa estaba bloqueada, sin saber cómo avanzar y encontramos la solución con este tratado', dijo a los periodistas el presidente francés, Nicolas Sarkozy.
El tratado es una versión suavizada de la Constitución y los dirigentes europeos esperan que sea efectivo a la hora de adaptar las estructuras comunitarias a su nuevo tamaño, con 27 miembros, después de que en 2004 y 2007 abriera sus puertas a 12 estados, la mayoría antiguas repúblicas comunistas.
'Por primera vez, los países que en el pasado estuvieron divididos por un telón totalitario están ahora unidos respaldando un tratado común que habían negociado ellos mismos', dijo el presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Durao Barroso.
'Es el tratado de una Europa ampliada desde el Mediterráneo al Báltico, desde el océano Atlántico al mar Negro', declaró.
Las presidencias semestrales serán sustituidas en 2009 por un presidente a largo plazo del Consejo Europeo, que dirigirá las cumbres. Además habrá un alto representante de política exterior.
El tratado permitirá que se tomen más decisiones por mayoría, principalmente en justicia y seguridad, y dará más influencia a los parlamentos europeo y nacionales. Una carta de derechos fundamentales europeos se ha vinculada al tratado, aunque Reino Unido y Polonia se han quedado fuera.
Esta vez el proceso de ratificación será por vía parlamentaria, con lo que los dirigentes esperan evitar sorpresas. Sólo Irlanda celebrará una consulta popular, y las encuestas parecen mostrar que muchos votantes están indecisos o se muestran indiferentes.
/Por Axel Bugge/


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