Dieciocho meses después, Isabelle Dinoire vuelve a sonreír. Hace año y medio parecía una utopía que esta francesa de 40 años volviera hacerlo, tras someterse a una operación pionera de trasplante facial, después de que su perro le desfigurara la cara.
El proceso ha sido lento, arduo y tortuoso. Según afirmaban sus médicos en el New England Journal of Medicine, Isabelle superó dos episodios de rechazo y estuvo sometida, durante el primer mes, a tratamiento psicológico y ejercicios faciales.
Los avances han sido sorprendentes: la mujer ha pasado de no poder tomar líquidos con facilidad (sus labios se movían con dificultad), a poder sonreír.
A los seis meses recuperó la sensibilidad al frío y al calor y ahora puede pronunciar, de nuevo, las letras P y B. Además, los médicos aseguran que Dinoire ha recuperado la autoestima y no tiene problemas a la hora de salir a la calle.


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