Según el autor del estudio, Claus Ebster, las personas que participaron en el ensayo mostraron la inclinación a enjuiciar positivamente las revistas y estaban más dispuestas de lo normal a comprarlas.
Cuando se trataba de productos con imágenes de mujeres semidesnudas, el efecto resultó contrario y los hombres, bajo el influjo del perfume, realizaron comentarios más bien negativos.
Las mujeres, a las que debía dirigirse el olor, no se dejaron influir en absoluto en su juicio ni en lo que querían comprar.
Según Ebster, esas materias olorosas podrían ser aplicadas en el futuro en las mercancías y los comercios destinados particularmente al hombre para aumentar las cifras de ventas, mientras que su efecto en lo sexual, por ejemplo cuando se usan en los perfumes, es aún muy discutido.


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