Rafael vive en Sevilla y pasa los fines de semana en Pilas, su pueblo natal, en una finca, trabajando el campo, su otra gran afición.
Rafael es cartero de vocación. Dice que si lo quitan de la calle para meterlo en un despacho, se jubila. Él disfruta repartiendo cartas o paquetes. «La mayor parte de las veces son buenas noticias y eso se nota. Llamo a los vecinos por su nombre y, algunas veces, si me encuentro por la calle a alguien que tiene carta no tengo que ir a su casa porque se la entrego en mano. Es como un servicio personalizado y eso lo agradece la gente».
De la misma manera que ha visto nacer a muchos vecinos, Rafael ha tenido el privilegio de ver crecer poco a poco al barrio. «Recuerdo que hace 20 años, en la zona donde trabajo había muchos solares sin edificar. He visto hacer el centro de salud, las pistas deportivas, las casas que recuerdan a los antiguos patios de vecinos...». Rafael tiene 53 años y todavía no piensa en jubilarse, aunque esa cartera de piel de la que no se separa pese cada día más. Eso sí, cuando llegue el momento, quiere que su último reparto en Correos sea en el barrio que lo acoge día a día como a un vecino más.
Rosario López (vecina): «Rafael es un encanto de persona. Además de ser un gran profesional, nosotros le consideramos como un vecino más del barrio».
Ángel Morales (comerciante): «Rafael conoce a todo el mundo y tiene un trato agradable con todos. Todo este tiempo ha prestado un gran servicio en Pino Montano».


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