«A la salida de los colegios y de las guarderías es escandaloso, van demasiadas, y los viajeros se quejan». Luis, un conductor de Bilbobus, sabe que las sillitas y cochecitos de bebé son una molestia para muchos viajeros.
También para las personas con discapacidad que, en ocasiones no tienen espacio para ellos. De ahí que el Ayuntamiento bilbaíno haya decidido regular la situación.
Las sillas de ruedas tienen, desde ayer, preferencia sobre las de niño en Bilbobus y, además, sólo pueden ir, como máximo, dos carritos de niño, o dos sillas de ruedas, o una de cada.
El resto de cochecitos deberán ir plegados, con el niño en los brazos, o, si lo prefieren, los padres tendrán que esperar a que pase el siguiente autobús. Las sillas de gemelos cuentan como dos.
Las sillas que no vayan plegadas deberán permanecer en el espacio reservado para ello, con el niño en sentido contrario a la marcha y con el freno echado, según explicó ayer el concejal de Transportes, Asier Abaunza.
Todo ello en el caso de los Bilbobuses grandes. En los microbuses sólo hay espacio para una silla. Unos 12.500 hogares –10.350 con niños de hasta 4 años y el resto de discapacitados– recibirán el folleto explicativo estos días.
Juan Carlos y Usoa, padres de Paula y Markel
"Es peligroso llevar al hijo en brazos en el bus"

Son padres con una hija de dos años y medio y otro de sólo tres meses. Y claro, los problemas con la sillita se dan a diario. «Entendemos que, a veces, pueden molestar al resto de viajeros; pero qué podemos hacer», se pregunta Usoa. En realidad, esta pareja, que suele coger a diario la línea 30 de Bilbobus, entre la plaza Circular y Txurdinaga, no ve soluciones al problema de las sillas de rueda. «Suelo ir con la niña, la mayor, en el asiento y, al mismo tiempo, sujeto la silla del pequeño», explica Usoa, para quien tener que plegar la silla no es buena idea. Además, «llevar al crío en brazos es un peligro; y en la silla también, porque no hay forma de agarrarla», explica Juan Carlos, al tiempo que demanda un sistema de sujeción especial. Tampoco creen que sea solución esperar al siguiente autobús. «Con los niños van con el tiempo contado; no puedes esperar a otro autobús así como así», se queja Usoa. De momento, dicen, no tendrán más remedio que acatar la norma.


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