4.000 acepciones, 50 fotografías y 80 partituras componen un volumen dirigido también al público general, que tiene además en él un aliado para entender ahora muchas de las canciones que tantas veces ha escuchado. Gran parte de las voces referidas a términos musicales van acompañadas, por ejemplo, de imágenes de su técnica en guitarra.
¡Digo!, ¡Quemedehe!
Desde el "tirititrán" de toda la vida hasta el "¡digo!" más andaluz, pasando por el "maromo", el "café de puchero", el "rebujar", el "flamencólico" o el "¡quemedehe!". Dos años de trabajo ha costado recopilar todos estos vocablos, muchas veces heredados oralmente de padres a hijos, y otras, inventados simplemente sobre la marcha.
Es también "un cancionero", contiene innumerables referencias cruzadas y promueve el ansia de saber del lector, que se encuentra en sus páginas, por otro lado y para completar su 'formación' en el terreno, con una detallada descripción de los distintos estilos de flamenco, de su orígen y su evolución musical.


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